El califa abasí era el imán, líder espiritual y temporal, soberano absoluto de la comunidad de creyentes, mandato que estaba regulado por la ley islámica o shari'a, cuyas fuentes la constituyen el Alcorán y la tradición del profeta, Sunna, en primera instancia, más el iyma (consenso de los doctos), el qiyas (aplicación del derecho por analogía) y el ra'i (aplicación del método racionalista lógico). El cambio de dinastía completó el proceso de estructuración del Estado, que ya había comenzado con los omeyas, de un jefe de la comunidad y rey árabe, cuyo poder descansaba en el consenso o iyma de la Sura (consejo consultivo), el califa se transformó en un autócrata que pretendía un origen divino para su autoridad. Ya no era vicario del profeta, sino "la sombra de Dios sobre la Tierra". Sustentó su pode
r en el ejército y lo ejerció mediante una burocracia asalariada, la aristocracia árabe fue sustituida por una jerarquía oficial. Rodeábase de una pompa y ceremonial de corte complicado y jerárquico, en la que podemos percibir una clara influencia de las costumbres cortesanas, sasánidas y bizantinas. Entre los califas surgió la idea de que estaban por encima de los mortales, aislándose de sus súbditos; vivían encerrados en sus palacios, rodeados de su guardia personal, sólo eran vistos el día que se trasladaban con gran pompa a la mezquita para la oración del viernes, pero poco a poco fueron abandonando incluso esta ceremonia y tan sólo podían acercarse a ellos sus familiares; en consecuencia, la población se hizo indiferente ante ellos, lo que nunca había ocurrido con los omeyas.