PRÓLOGO

Cuando era niño en cierta ocación me regalaron un libro, me sentí muy felíz, pero lo cierto es que me llamó la atención la tapa de encuadernación en color verde y sus letras doradas (casi igual  a las que salen mas arriba) que me invitaban a leerlo; decía "Cuentos Árabes". Contaba entretenidas historias de guerreros y de piratas que asolaban las costas de grandes héroes y de viajes alucinantes por lejanas tierras y horizontes infinitos.

Lo cierto es que hoy en día no podría contarse y menos escribirse un cuento con todo aquello, ya que el panorama ha cambiado mucho; con territorios ocupados , invadidos, poca educación, embargos comerciales, pobreza... y los extranjeros llámese ONU, Unión Europea, Comunidad Sionista, Banco Mundial entre otras organizaciones de renombre internacional roban en completa impunidad su patrimonio cultural, depredan sus tierras, explotan y asesinan a su gente borrando su identidad Árabe y nadie hace nada, menos los Cascos Azules que trabajan para ellos.

Por eso creí importante hacer esta página para invitarlos a ese pequeño viaje al pasado y recordar aquellos míticos pasajes del libro y revivamos juntos un poco de su Historia y cultura milenaria.


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DE LA ARABIA DE MAHOMA Y DEL CORAN

La primitiva población de la Arabia fue distinguida en tres razas principales:

- Los Babeos (en la Arabia felíz),


- Los Ismaelitas o Agarenos (en el Hiyaz) y


- Los Sarracenos (en el norte del desierto).

Además de estas tres grandes divisiones, los habitantes de la península arábiga se han distinguido siempre por tribus, de las que todos las habitantes están reputados descender de un ancestro común, y obedecen al cheicks, superior llamado Emir.
Estas tribus son sedentarias, nómades, según habitan las ciudades o vagan por el desierto.
Los nómades o escenitas, entregados al comercio de caravana, al merodeo y al cuidado de los ganados, son conocidos bajo el nombre de beduinos. Los destinos, siempre semejantes de estas tribus en perpetuo movimiento, se escapan a la vista de la historia. Mas conocidos que sus vecinos los árabes sedentario, tienen pretensiones a una civilizacion muy antigua, pero las tradiciones de estos pueblos han sido consignadas en la historia con todas sus fábulas. Puede admitirse la esxistencia muy remota de la Meca y de Yatreb (Medina), que servían de depósitoal comercio del Yemen, y cuyos Cheicks o jefes de fanilia formaban una especie de aristocracia republicana bajo la supremacía de un Cherif.


En el Mediodía estaba el Yemén, gobernado por reyes de antigua raza, residían en Saanao Saba. habiendo abrazado estos soberanos el judaísmo, a principios del siglo IV fueron depuestos en el 829 por el Negusch de Abisinia, que dió el trono a Cristiano Abijat, padre de Abrahah el Aschram. Aschram hizo la guerra a los habitantes idólatras de lledjaz que se habían atrevido a profanar la iglesia de Saana; pero fué derrotado en el sitio de la Meca, que fué defendida por el Cherif Aldel Motalleb, abuelo de Mahoma (70) dos años después, los hijos de Abrahah fueron arrojados del Yemen por Cborraez Nouschiruan que estableció la dinastía antígua, convertida en tributaria de los reyes Sasariidas.

La idolatría era la religión más antigua de la Arabia; tenia por centro el famoso templo de la Kaaba en la Meca. Los magos llevaron allí el Abeismo de Zoroastro. Mas tarde las colonias mercantiles de los judíos establecidos sobre el Mar Rojo, introdujeron la religión de Moises en aquella comarca, y por último, se propagó el evangelio en la Arabia Feliz, aún antes de que los sarracenos gasánidas del norte hubiesen sido convertidos por los anacoretas del desierto. Así es que cuatro religiones reinaban juntas en la Arabia, cuando apareció Mahoma y emprendió reunirlas en una sola.

Mahoma (Abu l-Qasim Muhammad ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi) había nacido en la Meca, el 26 de abril del año 570 de la era cristiana; era de la tribu de los Koreichitas, que pretendian descender de Koreich, la mas ilustre de las doce tribus de Ismael. Uno de sus abuelos, llamado haschem (que rompe el pan) había obtenido la dignidad de gran sacerdote de la Kaaba, y esas funciones habían quedado en la familia de los Haschemitas con la de chevii o príncipe.

Huerfano de cinco años y sin fortuna, a pesar de lo ilustre de su origen, el hijo de Abdalah pasó su infancia al lado de su tío Abu Talib, Cherif de la Meca. Alistado a la edad de catorce años en una caravana hizo algún tiempo la guerra en la frontera de la Siria, y volvió enseguida a su ciudad natal, donde se casó con una rica viuda llamada Kadisbah, las comodidades de la opulencia le permitieron entregarse a todas las extravagancias de una imaginación exaltada y osó concebir el proyecto de reunir a todos los Árabes en una misma creencia y bajo una sola dominación predicó una nueva religión fundada sobre la unidad de Dios y el apostolado de Mahoma. (622).

Alarmados por los progresos del islamismo los chéicks de los koreichitas, y sobre todo a Abou Sophian, nuevo cherif de la Meca. Mahoma condenado a muerte, se refugió en Yatreb seguido de su Primo Alí, y de alguno de los otros discipulos. Esta Hégira o huida es mirada por los musulmanes como el principio del reinado de Mahoma, y sirve de base y fundamento a su cronología.

Los habitantes de Jatreb abrazaron con calor la causa de los proscriptos, y su ciudad recibió el nombre de Medina (Medina al Nabi) o ciudad del profeta. Mahoma, a la cabeza de unpequeño ejército emprendió destruir el comercio de la Meca, interceptando las carabanas de los koreichitas.

Abou Sophian batido en el valle de Beder, tomó su desquite en el monte Uhud, Mahoma hizo nuevos preparativos y obtuvo una completa victoria en la batalla de fostoó de las Naciones. Los koreichitas amenazados en la Meca, pidieron una tregua y permitieron a los islamitas el visitar la Kaaba. Antes de cesar de este derecho, el profeta marchó a combatir a los judíos de Caibar, que habían peleados contra él en la batalla de Fosso. Su ciudad fué tomada por asalto, y pasados a cuchillo los habitantes. Mahoma emprendió, después de esta venganza, su peregrinación a la Kaaba y ganó nuevos prosélitos en la Meca.

Cegado por la prosperidad, Mahoma llevó dicen, su imprudencia hasta intimar a los mas poderosos monarcas que abrazasen el islamismo. Añaden que habiendo dado muerte a sus embajadores un magistrado romano de la Siria, se atrevió a atacar al imperio con un puñado de tropas, que batió a un ejército de treinta mil hombres en un lugar añorado llamado Muía.

Ventajas mas positivas abrieron a Mahoma las puertas de la Meca, y le aseguraron la sumisión de la Arabia.
Fué destruída la idolatría con sus ídolos en la Kaaba, y las tribus connvertidas enviaron de todas partes embajadores de paz al profeta (030). Los príncipes del Yemen se sometieron como los emires de nedjed.

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LIDERES DEL ISLAM


Para elegir al líder que manejaría los destinos de la nueva fe se aplicó una antigua costumbre beduina, en la que los califas serían seleccionados preferentemente de entre los miembros de la familia del antecesor; en general (aunque no siempre) la elección recaía sobre el pariente varón de más edad del jefe fallecido.

EL CALIFATO ORTODOXO, O PERFECTO
La sucesión de Mahoma y la organización del Estado Árabe Musulmán.
La muerte del profeta produjo la primera gran crisis que enfrentó la comunidad musulmana o Umma. Al morir, el profeta no había designado expresamente a su sucesor ni había tomado medida alguna para una decisión al respecto. No obstante parece ser que sin mucha dificultad, sus principales seguidores, aconsejados por Umar y Abu Ubaida, llegaron a un acuerdo al designar en el año 632 a Abu Bakr como sucesor (632-634). Éste, al anunciar a los fieles la muerte de aquél, pronunció las siguientes palabras:
"Hombres: el que adore a Mahoma, sepa que ha muerto; el que adore a Dios, sepa que éste vive y es inmortal."
El título conferido a Abu Bakr fue el de jalifa, califa, que no es el de profeta. La ley ya ha sido dada, y él, como vicario, debe velar por su aplicación y regir a la comunidad de creyentes. Este hecho señala la inauguración de la institución histórica del califato. El califa es el custodio y protector de la fe, dispensador de la justicia, el caudillo en la oración y la guerra; tiene amplios poderes en el gobierno, en la administración del Estado y en el nombramiento de gobernadores y jueces. El califato como institución está basado en el Alcorán. La sura 2, versículo 28, atestigua su origen divino:"Recuerda cuando dijo tu Señor a los ángeles: 'Pondré en la Tierra un vicario'. Dijeron: '¿Pondrás en ella a quien extienda la corrupción y derrame la sangre, mientras nosotros cantamos tu loor y te santificamos?' Respondió: 'Yo sé lo que no sabéis'." Otra sura define el deber del califa de actuar como juez e imponer la sari a, ley divinamente revelada, cuyas fuentes están constituidas por el Alcorán y la Sunna.
"¡Oh!, David, en verdad te hemos establecido como un vicario (jalifa) en la Tierra. Juzga tú verazmente entre los hombres.." (Sura 36, versículo 25).

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II LA DINASTIA OMEYA (661-750)

Califato Omeya, gobierno ejercido por la dinastía que rigió el califato árabe del Islam desde el 661 hasta el 750, y la España musulmana entre el 929 y el 1031.Procedente de una familia de comerciantes aristócratas, los Omeya, Muawiya estabilizó durante su reinado la situación de la comunidad musulmana tras el asesinato de Alí. Trasladó la capital de Medina a Damasco, poniendo a los gobernantes musulmanes en contacto con las tradiciones culturales y administrativas más avanzadas del Imperio bizantino. Muawiya también estableció el principio de sucesión califal, designando como heredero indiscutible a su hijo Yazid y haciendo prometer al consejo de ancianos que apoyarían al heredero designado. La práctica de la sucesión hereditaria continuó durante todo el califato Omeya, al igual que en las siguientes dinastías. No obstante, muchos musulmanes negaron más tarde su aprobación, por considerar esa práctica una desviación de la naturaleza esencial del Islam.

La Pugna política interna
La ascensión al poder de Muawiya, fundador de la dinastía Omeya, da inicio a una nueva etapa para la Umma. Los Historiadores árabes inmediatamente posteriores a la dinastía, designan a este periodo como monarquía mulk, negándose a otorgar a los gobernantes Omeyas el título de califas, por haber secularizado el naciente imperio islámico, y señalan la reanudación del califato con el advenimiento abbasi, en 750.
El nexo teocrático que había sustentado y mantenido a la Umma, durante los primeros califas ortodoxos Abú Bakr y Omar, había sido destruido después del asesinato de Utman y la guerra civil que siguió a este hecho. Al instaurarse la nueva dinastía (661), se produjo el traslado de la capital imperial de medina a Damasco, lo que significó la perdida del poder para la oligarquía mequí y de la importancia política de Medina y la Meca, que sólo conservaron su prestigio religioso, como cuna del Islam y centro de peregrinación de los Santos lugares; esto, sumado a la rápida expansión del imperio, al estado de semiautonomía que poseían las nuevas provincias, al descontento de los partidarios de Alí, que postulaban los derechos de él y sus descendientes como legítimos sucesores del profeta Mahoma, y al problema Jarichita, presentaba un complejo cuadro lleno de dificultades para la naciente administración Omeya. El rol de Mu awiya, proclamado califa en Jerusalén en 661, fue fundamental para el asentamiento de la dinastía. Su primera gran labor fue el restablecimiento de la unidad del imperio; para ello inició un proceso de centralización gubernamental, ahora necesario si el naciente imperio había de sobrevivir. Este proceso suponía la adopción de varias medidas.

La primera de ellas fue el traslado de la capital a Damasco, cuya posición central y participación en antiguas tradiciones culturales y administrativas permitirían hacer posibles un gobierno que eficientemente dominara las provincias más remotas. Además, Siria ofrecía la posibilidad de sustentar la nueva administración en una población recientemente convertida al Islam y ajena a las luchas intestinas de la península arábiga. Finalmente, Damasco era la base y centro de operaciones de Muawiya como ex gobernador de la provincia, desde donde iniciara su lucha por el liderazgo de la comunidad de creyentes.
El Segundo paso fue asegurar el poder califal, reafirmando la amplitud de sus poderes como guía religioso y político frente a la sura o consejo de notables musulmanes que el arbitraje de Adrah había establecido.
En cuanto a la administración provincial, los califas omeyas supieron rodearse de personeros de cuya lealtad no cabía duda, dando a los gobernadores amplios poderes para ejecutar la política califal. Sin embargo, el nuevo califa se apoyó principalmente en los beduinos, al implementar una sura, organismo consultivo y algunas veces ejecutivo, donde estuvieron representadas las principales tribus árabes, estableciendo un compromiso entre la autoridad y los jefes de tribus y notables. Este sistema también impuesto en los gobiernos provinciales, donde se constituyeron consejos locales. Esta política, clara vuelta a la fórmula de alianzas tribales prevalente en la Arabia preislámica, donde el nexo político se sobreponía al religioso, iba a ser una de las causas que conducirían al cabo de un siglo a la caída de la dinastía.
Finalmente, para asegurar la continuidad del poder, Mu awiya realizó un profundo cambio que caracteriza el paso de los califas ortodoxos a los Omeyas; estableció la institución de la sucesión califal por línea directa, con lo que se aseguraba el mantenimiento del poder en la casa Omeya. Mu awiya, gran constructor del califato omeya, se destacó por su habilidad y fineza políticas (hilm); fue considerado uno de los más grandes califas hasta por la oposición política abbassí y shiíta. Su dinastía dotó al imperio musulmán de un sólido armazón jurídico y administrativo, desarrolló la urbanización y la vida social, fue la iniciadora de la arquitectura musulmana; favoreció la gestación de un movimiento intelectual, sentando las bases para el desarrollo de la futura civilización árabe-islámica clásica, que la época abbassí no hará más que llevar a su apogeo.
En el periodo omeya, el imperio musulmán consiguió su mayor extensión territorial, abarcando desde los confines de China hasta la península Ibérica.
A la muerte de Mu awiya (680) se agudizaron los conflictos internos, fomentados especialmente por el círculo medinense, que reprochaba a los omeyas el abandono de las tradiciones del profeta y su excesivo interés por los asuntos temporales en desmedro de los religiosos. Entronizado el hijo de Mu awiya, Yazid (680-683), debió enfrentar una rebelión encabezada por Al- Husayn, hijo de Alí y de Fátima, la hija del profeta, quien reclamaba sus derechos al califato. Al Husayn rehusó reconocer al nuevo gobernante. Llamado por los siies de Kufa, fue proclamado califa; cuando intentó apoderarse de la ciudad, se enfrentó con las tropas dirigidas por Ubayd Allah cerca de Karbala en octubre de 680, perdiendo la vida. Aunque el hecho no tuvo gran trascendencia militar, el drama de Karbala, donde un descendiente del profeta murió luchando contra los "usurpadores", iba a provocar un abismo irreconciliable entre el Islam shiíta y sunita.
La si a, que comenzó como una facción puramente árabe y política, agrupada en torno a las pretensiones de Alí y sus descendientes al califato, habiendo fracasado después de la batalla de Karbala, buscó la victoria como una secta islámica, adquiriendo la mayoría de sus prosélitos entre los mawali, en quienes la idea de una sucesión legítima a partir de la descendencia del profeta, ejercía mayor atractivo que continuar bajo la hegemonía de una dinastía hereditaria cualquiera. El shiísmo llegó a ser esencialmente la expresión religiosa de la oposición al estado y al orden establecido, cuya aceptación significaba conformidad con (sunni) la doctrina islámica ortodoxa. Después de la batalla de karbala, algunos Shiitas se plegaron a los omeyas, otros intentaron sucesivas revueltas en Siria y en Irak, hasta ser finalmente aplastados en 685. respaldado por descontentos pertenecientes a los alíes, a los mawali y a las grandes familias, encabezó mas tarde una sublevación en la zona; se formó un pequeño reino que estableció en Kufa, que fue vencido por Ubayd Allah en 687. No volvería a haber rebeliones shiítas hasta el año 740, durante el califato de Hisam.
Importante fue la rebelión que estalló en el Hiyaz, dirigida por Abd Allah Ibn Zubayr, quien no reconoció a Yazid como califa. Este periodo representa un rebrote de las antiguas rivalidades tribales entre los qaysíes del norte, contrario a los omeyas, y los Kalbíes o yemeníes del sur, partidarios de la dinastía. Las tropas de Yazid vencieron en medina a ibn Zubayr, quien se refugió en la ciudad de la Meca. El deceso del califa Yazid ocasionó entonces un periodo anárquico, ya que su hijo, Mu awiya II, murió a las pocas semanas. Los medinenses proclamaron califa a ibn Zubayr, apoyado por la tribu de los Qaysíes. Por su parte, sus rivales yemeníes eligieron califa a Marwan Ibn al-Hakam, quien finalmente se impuso. Su corto período se caracterizó por constantes luchas, hasta que le sucedió su hijo Abd al Malik (685-705), quien logró restablecer la unidad y la paz en el imperio, constituyéndose en uno de los califas más destacados de la dinastía. Con la muerte de Ibn Zubayr, el año 692, desapareció la posibilidad de que las ciudades de la Meca y Medina ejercieran algún rol político importante.
El movimiento Jarichita constituyó una amenaza permanente para los omeyas. Momentáneamente controlados después de la batalla de Naharewan, los jarichitas evolucionaron hacia tendencias políticas anarquistas, que derivaron en la gestación de varios focos de rebelión en diversos puntos del Imperio.
Estas revueltas jarichitas prosiguieron hasta el final del califato omeya y fueron unos de los factores que contribuyeron a la caída de la dinastía.
Durante el gobierno de Abd al-Malik se inició un proceso de organización y ajuste de las antiguas estructuras de administración persa y bizantina; desde luego se instauró el árabe como lengua oficial de la administración y contaduría. En 696 se acuñaron las primeras monedas en arábigo.
Las revueltas shiítas, jarichitas y qaysíes continuaron poniendo en peligro la seguridad interior del imperio, pero Abd al Malik, asesorado por el gobernador de Irak, Hayyay, consiguió mantener la estabilidad. Sus sucesores, Walid (705-715), Sulayman (715-717) y Umar Ibn Abd al Aziz (Umar II, 717-720), gobernaron en un periodo de paz que fue alterado durante el reinado de Yazid II (720-724). El último gran periodo de la dinastía omeya fue alcanzado en el gobierno de Hisam Ibn Abd al- Malik (724-744); después de su muerte, el imperio declinó, intensificándose las pugnas tribales y reapareciendo una activa oposición shiíta y jarichita. El último califa de la dinastía fue Marwan II (744-750), quien, a pesar de su habilidad, no pudo detener los acontecimientos que precipitaron la caída de los Omeyas.-

Primeras divisiones del Islam
la discrepancia que se suscito -EN CONSTRUCCION-

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ORGANIZACION DEL CALIFATO

A comienzos del siglo VIII, los Omeyas dividieron el Imperio en nueve provincias, reordenadas posteriormente en cinco agrupaciones gubernamentales, sin considerar la capital imperial, Damasco, de la que dependían directamente Palestina y Siria:

1) Irak, Irán, Arabia Oriental (capital: Kufa);

2) Hiyaz, Yemen, Arabia central (Medina);

3) Yezire, Alta Mesopotamia, Armenia, Asia menor oriental (Mosul);

4) Egipto (Fustat),

5) Ifriqiya, España (Qayrawan).

Cada uno de estos gobiernos estaba dirigido por un amir o gobernador, que gozaba de gran autonomía. Tenía a su cargo la administración civil y militar. Fue el encargado de la recaudación de impuestos, hasta que se creó un cuerpo recaudador independiente, de manejo centralizado.
El encargado de cada provincia recibía el nombre de amil o Sabih al jaaray. Los gobernadores, designados directamente por el califa, actuaban como soberanos locales y contaban con toda una infraestructura similar a la de la corte califal. Nombraban a las autoridades regionales, tanto en el ámbito administrativo como en el judicial. En relación a este último, fue durante la dinastía omeya que se creó un cuerpo colegiado de eruditos versados en la sari a, ley divinamente revelada, cuyas fuentes eran en aquella época el Alcorán y la sunna. Estos estudiosos de la ley o ulama ejercían el cargo de qadi o jueces locales. De la Práctica de la jurisprudencia, los Cádiz desarrollaron la ciencia jurídica que a posteriori generaría las cuatro escuelas ortodoxas interpretativas de la ley islámica: Maliki, Hanifi, Safi y Hambali.
El sistema financiero del califato quedó finalmente estructurado durante el gobierno de Hisam: con impuestos (Jaray) que, ligados a los bienes y no a sus propietarios, gravaban la tierra (Usr) Sólo con el diezmo; pero obligando a los dimmi a pagar una capitación (yizya). Mediante este sistema se intentó solucionar uno de los grandes problemas del mundo islámico desde un principio: el de la propiedad y el financiero, debido a que la economía tenía su base en la agricultura. Así con una economía fuerte los campamentos instalados al momento de la expansión del imperio se transformaron rápidamente en ciudades tales como: Al-Fustat, Bufa, Basra, Qayrawan entre otros. Aumentando la población nacieron los suburbios y se desarrollaron las actividades comerciales. Los árabes que desempeñaban cargos Adm. Y de gobierno constituían un sector de la población urbana; el segundo elemento de la población lo constituían los mawali, o recién convertidos al Islam, y los dimmi o protegidos, que cumplían cargos de segunda importancia en la burocracia estatal, se dedicaban al comercio o desempeñaban algún oficio.

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ARTE, CULTURA Y CIENCIA.

Hacia el año 570 después de J.C. Muhammad ibn ’AbdAllah ibn ’Abd al-Muttalib, más conocido como Mahoma fundó la religión del Islam y sus fieles pasaron a llamarse musulmanes, palabra que proviene del árabe Muslim: “el que se somete a Dios”. El islamismo fue la base del imperio islámico, el cual entre el 640 y el 720 después de J.C. pasó a dominar a Egipto, a Persia, a Siria, el norte de África y España. La seguridad de sus creencias religiosas proporcionó a los musulmanes su gran flexibilidad ante las culturas extrañas y de esta manera la civilización islámica adquirió un carácter cultural cosmopolita. Los árabes comenzaron a acumular el conocimiento de los pueblos dominados y Bagdad se convirtió en el centro intelectual del centro de Europa, Asia y África. Los pensadores que huían de Alejandría encontraban en el imperio islámico un ambiente adecuado para continuar con sus estudios.
Los trabajos de Platón, Aristóteles, Galeno, Zósimo y otros fueron traducidos al árabe y de esta manera los musulmanes se pusieron en contacto con los métodos y conceptos de la alquimia y rápidamente la hicieron parte de sus estudios. La principal contribución de los árabes a la alquimia fue disminuir su parte mística y, como sucedió con los primeros alquimistas en Alejandría, se interesaron más en la parte experimental. Esto se debió a la idea de ciencia que el árabe tenía pues para él la ciencia se basaba en la placentera observación de la diversidad de la naturaleza y en la utilización de su abundancia para mejorar la vida.
La naturaleza era observada como una realidad de gran variedad y no como una idea filosófica. Aunque los alquimistas árabes atribuían el comienzo de su ciencia a Khalid inb Yazid quien vivió entre los años 665 y 704 después de J.C. y de quien se decía que había traducido muchos manuscritos alquímicos, los registros más importantes aparecen en la época del gran florecimiento de la ciencia árabe en Bagdad en el siglo décimo. Alrededor del año 900 apareció un libro cuyo título en latín es Turba Philosophorum y en el que se observa un intento de adaptar las teorías cosmológicas y alquímicas griegas al pensamiento árabe.
Sin embargo este trabajo está en oposición con las ideas experimentales y claras de Jabir y al-Razi, cuyos escritos pusieron en terreno firme a la alquimia árabe.El imperio Omeya extendió la supremacía árabe-musulmana desde el atlántico hasta el Turquestán. manteniendo un carácter árabe en el gobiemo y continuando las tradiciones lierarias dé la Arabia preis. lámica. La población de origen arábigó qúe poblaba el cercano Oriente desde el origen de las civilizaciones se reencontró con los árabes; por ello, y por su calidad de lengua religiosa y administrativa es que el arabe se convirtio rápidamente en la lengua común Este reencuentro fué el impulso que hizo germinar una gran Civilización árabe-islámica, fundiendo elementos de otras culturas (Bizancio, Persia) con rasgos culturales puramente arábigos. En suma, la última gran oleada humana desde la península arábiga, hacia todo el cercano Oriente, había de producir un reencuentro de tódo este mundo con lo despertando su conciencia de unidad y sus fuerzas creativas Con los omeyas se iniciaron grandes creaciones en el campo de la arquJtectur Impregnados de sus tradiciones arabes, los c&jfas cons truyeron imponentes residencias en el límite del desierto sirio. Son es pecialmente conocj las de Msatta, Qasr al Jayr al Garbi, al Sarqi, Jirbat al Mafjar Qusayr Amra, Qastal, y otros. También nacieron en este períodoi primeras construcciones religiosas del lslam:la mez quitas de Medina y La Meca; la mezquita Al aqsa de Jerusalén y la Cúpula de la Roca (Qubbat al-Sajra), erigidas en tiempos de Abd al Malik, y la gran mezquita de Damasco, que levantó Walid 1 en el año 750, reeniplazafl a la antigua basilica de San Juan Bautista No menos destacable es la primitiva mezquita de Qairawan, que ya no existe, así como las de los amsar de Irak.Los principales centros de actividad Intelectual fueron Siria e Irak Apareció una prosa literaria escrita por los kuttab, hombres cultivados, secretarios de los califas y de las grandes personalidades. Se iniciaron los primeros estudios en torno a la tradición y el Alcorán. Por otra parte, en Medina se desarrolló la ciencia religiosa, los califas Omeyas se preocuparon por la vida espiritual y la literatura de su tiempo. En las letras, la tradición árabe contaba con la riquísima herencia que, unida a la aportación islámica, llevaría a grandes creaciones. La poesía beduina fué enriquecida con nuevos temas: descripciones de la vida en las ciudades, elogios a los príncipes, luchas de partidos. Siguió desarrollándose la poesía amorosa, también de herencia beduina, como el poema que la leyenda atribuye al "Loco por Laila". Los tres poetas más destacados en la época omeya son Al-ajtal, Yarir y Farazdaq.  

LA CIENCIA MÉDICA ÁRABE
Según el Dr. Meyerhof : “Los doctores árabes se reían de los afanados médicos europeos por sus esfuerzos toscos y elementales. En el siglo XVI, los libros árabes de medicina fueron traducidos al latín y usados como base de la enseñanza en las universidades italianas y francesas”.
Europa no sabía nada del cólera cuando el Islam entró en España y la gente consideraba la enfermedad como un castigo del cielo por los pecados, pero los médicos árabes ya habían probado que, incluso, la peste bubónica, era una enfermedad contagiosa y nada más. Los árabes descubrieron en la antiguedad la circulación mayor de la sangre y en la Edad Media, descubrieron la circulación menor (pulmonar). Siglos más tarde, Servet, fue el primer europeo en transmitirlo. Gran lector de los libros árabes, idioma que dominaba, se había percatado de este descubrimiento. Sin embargo, también allí conoció la interpretación coránica de la Unidad de un solo Dios y rechazó la Trinidad. Huyendo de la Inquisición Española, cayó en las manos de un inquisidor más cruel y despiadado: Calvino y fue quemado vivo en la hoguera (a fuego lento y con madera verde). 
La lectura de libros árabes le valió su gloria (se le conoce como el descubridor de la circulación pulmonar); pero también le valió su muerte, en un momento que no se permitía disentir. Hablando de otros médicos árabes, el Dr. Meyerhof escribió sobre el libro de Avícena “el Canon” que es una obra maestra de ciencia médica, probando su valía al ser impreso en diez y seis ediciones en el siglo XV, en latín y en árabe. El Canon todavía era libro de texto de las facultades de Medicina de Francia hasta entrado el siglo XIX. Will Durant escribió que (Rhazes) fue uno de los médicos más avanzados del Islam, autor de 200 tratados y libros particularmente:
1-“Viruela y sarampión”, publicado en latín y otros idiomas europeos en cuarenta ediciones, entre 1497 y 1866.
2-“La Gran Enciclopedia”, veinte volúmenes; cinco dedicada a la óptica,otros a la cirugía y anestésicos.
Entre las innovaciones de Rhazes está el uso del agua fría para tratar la fiebre persistente, de ventosas secas para la apoplejía, de bálsamo de mercurio e intestinos de animales para suturar heridas y otras muchas invenciones.
El diagnóstico de la tuberculosis por las uñas de los dedos, la cura de la ictericia, el uso de agua fría para prevenir hemorragias, la rotura de piedras en la vejiga y el riñón para facilitar su extracción y la cirugía de la hernia están entre los avances, demasiado numerosos para citarlos detalladamente. El más grande de los cirujanos islámicos fue Abdul´l-Qasem de Andalucía, floreció en el siglo XI, fue inventor de muchos instrumentos quirúrgicos. El idioma árabe, equivalía en Europa hasta el siglo XVIII, al inglés de nuestros tiempos, para la ciencia, la investigación y los estudios universitarios.
Durante los primeros siglos de la Hégira, el estudio de la medicina era parte integral de una completa educación. Por eso el número de médicos famosos y de tratados es considerable. Durante varios siglos los trabajos de Rhases, Avicena, Abul Cassis e Ibn Zohar, fueron la base de los estudios médicos en todas las universidades europeas.
Las escuelas de medicina de Salerno y especialmente Montpellier adquirieron fama mundial. El conjunto de conocimientos médicos publicados por Rhases (Abu Bakr Ibn Zacaria Al Razi) bajo el título de "Havi" (la vida virtuosa), así como su otro libro titulado "Mansur", sobre el califa Al Mansur, a quien se lo dedicó, fue durante cientos de años el más respetado y el más ampliamente utilizado de los manuales médicos.
"Havi" fue uno de los 9 tomos que constituían toda la biblioteca de la facultad de medicina de París en el año 1395. Contiene la primera descripción de algunas fiebres eruptivas como la viruela y el sarampión. Al Razi introdujo en farmacias el uso de purgantes suaves, la aplicación de ventosas en caso de apoplejía y la utilización de agua fría en caso de fiebre persistente. A él se le atribuye la invención del sedal, que se utilizaba con mucha frecuencia. Los trabajos de Al Razi fueron traducidos al latín y publicados en varias ocasiones, principalmente en 1509 en Venecia y en 1528 en París. Su tratado sobre la viruela fue publicado de nuevo por última vez en el año 1745.
Abu Ali Al Hussain Ibn Abdallah, conocido en oriente como Ibn Sina y en el resto del mundo como Avicena, fue sin duda alguna el más grande de todos los médicos musulmanes su libro "Preceptos de la medicina" (canun fi-'l- Tib) se publicó en lengua árabe en Roma en el año 1543. Apareció en una nueva edición de 5 tomos que trataban fisiología, higiene, terapéutica y materia médica.
Durante 600 años, desde el siglo XII hasta el siglo XVIII, esta obra sirvió como base para los estudios médicos en todas las universidades francesas e italianas.
Durante el siglo XV fue editada 15 veces en latín y una vez en Hebreo. Se imprimió una y otra vez hasta el siglo XVII e incluso a principios del siglo XIX se dieron cátedras sobre este trabajo en la facultad de medicina de Montpellier. Avicena escribió también un libro sobre "remedios para el corazón" y algunos poemas sobre medicina.
Los árabes llegaron a manejar alrededor de 760 fármacos.
El progreso más importante realizado por los médicos musulmanes fue en el campo de la cirugía. Ya en el siglo XI sabían cómo tratar cataratas por prolapso o extracción del cristalino, litotricias y hemorragias; sabían como usar los cáusticos y sedales y practicaban la cauterización y conocían los anestésicos: frecuentemente, antes de una operación dolorosa, administraban una droga hecha de una planta llamada "cizaña", hasta que el paciente quedaba completamente inconsciente.
El cirujano musulmán más destacado es Abul Qasim Khalaf Ben Abbas (Abulcassis) de Córdoba, que murió en 1107. El famosos fisiólogo Haller afirma que sus trabajos fueron "la principal fuente de inspiración para todos los cirujanos desde esa fecha hasta el siglo XIV". Las obras quirúrgicas de Abulcassis fueron impresas en latín hacia 1487.
La España musulmana produjo otros médicos de gran reputación, entre ellos, Ibn Zohar y Averroes. El principal mérito de Ibn Zohar fue la introducción de las leyes de observación científica a la medicina. El punto más importante de su terapia era el de los poderes naturales del cuerpo humano para autocurarse de ciertas enfermedades. Fue el primero en combinar el estudio de la medicina con el de la cirugía y farmacia. Sus escritos sobre cirugía hablan por primera vez de la broncotomía y contienen instrucciones detalladas para el tratamiento de dislocaciones y fracturas.
Abdul Walid Mohammed Ibn Ruchd, más conocido en occidente como Averroes, escribió un tratado sobre antídotos contra venenos y fiebres. Su principal obra médica "Kulliyet" se imprimió por primera vez en Venecia en el año 1490.
En oftalmología el "memorándum para oculistas" de Ali Ibn Issa, no se quedó anticuado hasta el siglo XIX. La primera operación de extracción de una catarata se llevó a cabo en el año 1256 por Al Mahusin, que inventó la aguja hueca.

Sabemos que la religión musulmana contiene normas sobre higiene, como lo son:
* baños frecuentes
* prohibición de alcohol
* prohibición de la carne de cerdo

Los médicos musulmanes dieron importancia a la observación de las normas higiénicas en el tratamiento de las enfermedades. "Los hospitales árabes, dice Gustave Le Bon, fueron construidos bajo condiciones que, desde el punto de vista higiénico, fueron muchos mejores que nuestros hospitales de hoy en día. Eran enormes y en ellos circulaban libremente el aire y el agua (...) Los aforismos de la escuela de Salerno contienen muchas instrucciones muy valiosas sobre la higiene. Sabemos que esta escuela, que fue considerada durante mucho tiempo como la mejor de Europa, debe su reputación a los árabes".


FARMACOLOGÍA 
pourm.gif (8430 bytes)  Los Árabes árabes inventaron el arte de mezclar medicamentos químicos, en píldoras y soluciones, muchas de las cuales se usan actualmente, aunque algunas son presentadas como nuevas invenciones de nuestro siglo actual por químicos desconocedores de su historia. El Islam tenía dispensadores que daban gratis prescripciones a los pacientes y, en las zonas de los países que no habían hospitales, los médicos realizaban visitas regulares con todo su instrumental para cuidar de la salud pública”, iniciando la medicina preventiva del modelo moderno.  

HOSPITALES
rc.gif (11670 bytes)Los Los árabes construyeron los primeros hospitales, orfanatos y centros psiquiátricos de corte moderno. “El orden y la eficacia de los hospitales islámicos era tal que no había distinciones de raza, religión u ocupación; la cura era administrara con meticuloso cuidado a cada paciente. Se asignaba salas a pacientes con enfermedades determinadas, había hospitales docentes donde los estudiantes aprendían la teoría y observaban la práctica. Además, había hospitales móviles que llevaban médicos y sus equipos. Estaban bien aireados y tenían abundancia de agua pura. EsosEsos hospitales tenían grandes salas comunes y también habitaciones privadas. Marc Kapp escribió:”El Cairo tenía un gran hospital con fuentes funcionando y jardines de flores y cuarenta amplios patios. Cada paciente era recibido amablemente y, tras curarle, le enviaban a su casa con cinco monedas de oro. Córdoba, junto a 600 mezquitas y 900 baños, tenía cincuenta hospitales”.  

FÍSICA 
Son los árabes quienes debieran ser considerados como los verdaderos fundadores de la física" A. Humbolt.
El tratado sobre la óptica por Hassan Ali Aitan (Alhasen) (963-1309) fue un hecho de gran importancia para la ciencia, M. Charles afirma que fue: "el principio de la moderna ciencia de la óptica".
Este trabajo trata de la posición aparente de imágenes en espejos, la refracción, el tamaño aparente de los objetos, el uso de la cámara oscura, entre otros.
E. Bernard afirma que fueron los árabes los que descubrieron el uso del péndulo para los relojes.
No se puede negar el hecho de que la brújula fue inventada por los chinos, pero fueron los musulmanes quienes la perfeccionaron para las necesidades de la navegación.

QUÍMICA/ALQUIMIA
 La alquimia árabe es tan misteriosa en sus orígenes como la griega. Durante los califatos de los Abasidas desde 750 a 1258, floreció en Arabia una escuela de farmacia. El primer trabajo conescuela de farmacia. El primer trabajo conocido de esta escuela es la obra que se difundió en Europa en su versión latina titulada De alchemia traditio summae perfectionis in duos libros divisa, atribuido al científico y filósofo árabe Abú Musa al-Sufí, conocido en Occidente como Geber; este trabajo, que podemos considerar como el tratado más antiguo sobre química propiamente dicha, es una recopilación de todo lo que se creía y se conocía por entonces.
Jaber íbn Haiyan, era conocido mundialmente como “El padre de la Química” y de la alquimia árabe. Su influencia sobre los químicos y alquimistas occidentales fue profunda y duradera. Más de 500 obras suyas han sido impresas y la mayor parte pueden encontrarse entre los tesoros de las bibliotecas nacionales de Paris y Berlín, mientras sus colegas europeos le llaman afectuosamente “profesor de la sabiduría” y le atribuyen el descubrimiento de 19 elementos con su peso específico, etc. Jaber decía que todo puede reducirse a una simple partícula básica, compuesta de una carga de luz (electricidad) y fuego, el átomo o la más pequeña unidad de materia indivisible, muy próxima a la moderna ciencia atómica.La mezcla de colores, la tintura, la extracción de minerales y metales, la fabricación de acero y el curtido están entre las técnicas industriales en las que los árabes fueron los primeros maestros. Producían una gran cantidad de sustancias químicas y varios procesos químicos… destilación, evaporación, sublimación, cristalización, etc. También fueron los árabes quienes sustituyeron con papel hecho de algodón, los antiguos pergaminos (El papel Chino era de seda y no se podía escribir en el); ésta era la invención que sirvió de base al posterior invento europeo de la imprenta y permitió la amplia extensión de la enseñanza que trajo el Renacimiento. Más, dado que los monjes tenían escasez de pergaminos para escribir sus obras religiosas, tendían más y más a raspar los inapreciables textos científicos antiguos de los viejos pergaminos. La introducción del papel por los árabes, detuvo esta práctica desastrosa.
Algunos historiadores sugieren que la alquimia árabe desciende de una escuela asiática occidental mientras que la alquimia griega desciende de una escuela egipcia. Esta escuela asiática no es ni china ni india. Se puede afirmar que la alquimia árabe estaba asociada con una ciudad específica en Siria, Harran, que, según parece, según parece, fue en la que se desarrollaron la mayor parte de los conocimientos alquímicos árabes.
Los alquimistas árabes trabajaron con oro y mercurio, arsénico y azufre, y sales y ácidos, y se familiarizaron con una amplia gama de lo que actualmente llamamos reactivos químicos. Ellos creían que los metales eran cuerpos compuestos, formados por mercurio y azufre en diferentes proporciones
El alquimista árabe más grande fue seguramente ar Razí (850-923), un científico persa que vivía en Baghdad. Ar Razí clasificó a los materiales usados por el alquimista en cuerpos (a los metales): piedras, vidrio, sales, etc. Y espíritus: mercurio, azufre, amoníaco, etc. El real objetivo de éstos alquimistas era el de producir oro por medio de reacciones catalíticas de ciertos elementos. Ar Razí escribió un libro sobre las aguas fuertes que según los estudiosos del tema no eran mas que soluciones de sal corrosivas.
Las escrituras de Ar Razí representan el apogeo de la alquimia árabe. No se sabe si se dedicó a la medicina que siguió siendo independiente aunque hubo una tendencia árabe de dar mayor énfasite;rabe de dar mayor énfasis a los remedios minerales que a los provenientes de plantas que fueron los remedios por excelencia en la cultura griega.
Allá por el año 670 d.C., un alquimista sirio, Calínico, inventó según se cree el fuego griego. Era una mezcla de cal viva, petróleo y azufre a la que se le atribuye la salvación de Constantinopla cuando los musulmanes le pusieron sitio por primera vez. Al entrar en contacto con el agua la cal viva se encendía y el petróleo ardía en llamas.
Muchos de los escritos árabes revelaban un carácter místico que contribuía poco al avance de la química, pero otros intentaban explicar la transmutación en términos físicos. Los árabes basaban sus teorías de la materia en las ideas aristotélicas, pero su pensamiento tendía a ser más específico, sobre todo en lo referente a la composición de los metales. Ellos creían que los metales consistían en azufre y mercurio, no propiamente estas sustancias que conocían muy bien, sino más bien el principio del mercurio, que confería la propiedad de fluidez a los metales, y el principio del azufre que convertía en combustibles ue convertía en combustibles a las sustancias y corroía a los metales. Las reacciones químicas se explicaban en términos de cambios en las cantidades de esos principios dentro de las sustancias materiales.

MATEMÁTICAS
En la historia de las matemáticas, observaremos como muchos de los principios básicos de aritmética, geometría y álgebra fueron descubiertos por eruditos musulmanes. Los números que se usan son números arábigos, además de todo, la realización árabe del valor del cero permitió la fundación de toda nuestra moderna tecnología computarizada. La palabra “cero” como su prima “cifra”, son ambas intentos de traducir la arábiga “sefr”. De Vaux escribió: “Usando las cifras, los árabes llegaron a ser los fundadores de la aritmética de la vida cotidiana, hicieron el álgebra como una ciencia exacta y la desarrollaron considerablemente. Indiscutiblemente, fueron los fundadores de la trigonometría plana y esférica." El astrolabio (Safija ) fue inventado por el árabe Alzarqali, quien vivió en España, en el siglo XI. La palabra “algoritmo” es la latinización del nombre de su inventor, natural de Jiva, conocido por el nombre de su provincia natal AIJwarizmi. El matemático árabe, fue el primero en encontrar el valor de ? exacto hasta 16 decimales (3.1415926535987832). En ésa época se conocía solo aproximaciones a 4 decimales. Newton, en Europa, lo pudo hacer hasta 250 años después.
En aritmética, todavía utilizamos sus números y su método de contar; la invención del álgebra es atribuida a los árabes. Cuando el califa Al Mamun fundo "La casa del saber", nombró como director de la misma, a Mohammed Ben Mussa Ben Khwarizimi. Su tratado sobre álgebra: Al Gebr Wa'l Maakalala (cálculos mediante símbolos) "después de haber sido la piedra angular en el edificio matemático, construido por los árabes que vinieron detrás de él, iba a iniciar un día a sus colegas occidentales en la belleza del cálculo algebraico y al mismo tiempo en la aritmética decimal" ( Max Vinte Joux: El milagro árabe, Ediciones Charlot, París, 1950).
Según la opinión de Philip K. Hitti: "Al Khwarizimi, una de las mejores mentes científicas del Islam, es sin duda el hombre que ejerció mayor influencia sobre el pensamiento matemático durante toda la Edad Media".
Su trabajo fue continuado por Thabit Ben Garrah, traductor del Almagesta de Ptolomeo, quién desarrolló el álgebra y fue el primero en aplicarlo a la geometría.
La trigonometría es la rama de las matemáticas que los árabes cultivaron con mayor entusiasmo, debido a su aplicación en la astronomía. Los primeros pasos en esta ciencia se remontan a la época de Al Batani, quien tuvo la ingeniosa idea de sustituir las subtensas de los arcos que usaban los griegos en sus cálculos trigonométricos, por la mitad de las subtensas de doble arco, es decir, por el seno de dicho arco, Al Batani fue el primero en emplear en su trabajo los términos "seno y coseno". Los introdujo en el cálculo gnómico y se llamó sombra extendida (Lo que hoy llamamos: la tangente) (en M. Charles: Concepción histórica de los métodos geométricos).
La invención del signo "cero" por Mohammed Ben Ahmad, en el año 976 revolucionó las matemáticas, pero no se empleó en occidente hasta principios del siglo XIII.
En el transcurso de los siglos, los árabes se han reconocido como descubridores del sistema decimal aplicándolo a la aritmética, en el comercio, en las finanzas, en la industria, en los servicios, en la economía, - lo que para las ciencias modernas ha sido de gran avance y ha servido de base para que éstas se aplicaran mundialmente. Adaptaron los números e inventaron el cero. Siendo únicamente 2 los pueblos que consideraron la nada como existente, dándole un valor numérico, el cero: los árabes y los mayas, los Fenicios de origen árabe inventaron el alfabeto. Números y letras, la base de toda ciencia y cultura en general. Los árabes han aportado más del 75% de los descubrimientos científicos, culturales, tecnológicos, literarios y artísticos para el conocimiento universal de la Edad Media.

 ASTRONOMÍA
0043.gif (9595 bytes) Sumidos en guerras sin fin, envuelta por el velo del odio y la miseria, la cultura árabe se ve opacada por los fundamentalistas de siempre. Aquí pretendemos acercarles una visión de la amplitud y riqueza de sus origenes. Astronomía
Sede de observatorios en Bagdad, El Cairo, Córdoba, Toledo y Samarkanda, el Islam fue, sin lugar a dudas, uno de los centros astronómicos más importantes del mundo.
La escuela de astronomía de Bagdad tiene su origen durante el reinado del astrónomo Al Mansnur, el segundo califa de los Abássidas (754-775). Durante el reinado de sus sucesores, Harun arr-Rasheed y Al Mamun, la escuela realizó ciertos trabajos importantes: se revisaron las teorías antiguas, se rectificaron varios errores de Ptolomeo y se corrigieron las tablas griegas.
La escuela de Bagdad fue responsable del descubrimiento del “movimiento de apogeo” del sol, la evaluación de la oblicuidad de la elipse y su progresiva disminución y el estudio detallado de la duración exacta del año.
Los doctos de la escuela de Bagdad observaron la irregularidad de la latitud lunar más alta y descubrieron una tercera desigualdad lunar conocida con el nombre de variación, pronosticaron las manchas del sol, estudiaron los eclipses y la aparición de cometas y otros fenómenos celestes.
El califa fatimida Al Hakem (990-1021) construyó un observatorio en el monte Mocattan para el ilustre Ali Ibn Younis, inventor del péndulo y del reloj del sol, considerado como el fundador de la escuela del Cairo. Editó la gran tabla Hakemita, cuya exactitud superó a las de todos sus predecesores.
El sultán selyúcida llamado Melik Shah (1072-1092), un soberano que tenía muchos amigos entre los eruditos y los literatos, se sintió muy atraído por la astronomía. Las observaciones que dirigió condujeron hacia una reforma del calendario, 10 siglos antes de la reforma gregoriana. Los autores de esta reforma fueron Abdul Rahman Haseni y el poeta Omar Khayyam.

GEOGRAFÍA
La historia de las noches arábigas de Simbad el Marino y sus viajes a China, Japón y las islas de Indonesia, dan suficiente evidencia de la brillantez de navegación comercial árabe, el conocimiento de la meteorología y la geografía. Los árabes comerciaron ampliamente con China. Más de 500 años después, Marco Polo, el primer explorador europeo, indicaba que había llegado a China, valiéndose de mapas árabes.
Los árabes perfeccionaron la brújula y con su conocimiento de las estrellas fueron hasta tierras remotas. Colón utilizó mapas árabes para llegar a América. El geógrafo Ibn Hauqqall (siglo x d.C.) escribió en su prólogo: “He escrito la latitud y longitud de los lugares de esta tierra, de todas sus naciones, con sus fronteras y los dominios de Islam, con un mapa cuidadoso de cada sección, en el que he marcado numerosos lugares, como ciudades, ríos, lagos, montañas, tipos de agricultura, carreteras, las distancias entre lugar y lugar, los bienes comerciales y todo lo que en la ciencia geográfica puede ser útil. Abu Reihan-Biruni, Ibn Batuta y Abu’I Hassan están entre otros nombres en la historia de la ciencia de la geografía, cuyos viajes a través del mundo estuvieron acompañados de meticulosas observaciones y notas paisajísticas, que están entre los enorgullecedores archivos de la ciencia en nuestro mundo de hoy.

VIAJES
Nos dice Ernest Renan: "Su pasión por viajar es uno de los rasgos más brillantes del carácter árabe, y uno de los que les ayudaron a poner su marca más profunda en la historia de la civilización”.
“Hasta la época del gran ímpetu de la navegación española y portuguesa, en los siglos XV y XVI, ningún pueblo contribuyó tanto como el árabe a la amplia concepción del Universo y a dar al hombre una idea exacta del planeta donde vive, que es el requisito previo de todo progreso real" (Ernest Renan, Miscelánea de historia de viajes, París 1878).
Ya en el siglo IX los comerciantes árabes, que fueron los primeros en explorar esas lejanas tierras, visitaron China, Africa y el Norte lejano, lo que ahora conocemos como la ex -U.R.S.S.
El relato del viaje de Soleiman escrito en el 851 y terminado en el 880 por Abu Zeyd, fue el primer trabajo que se publicó sobre China. Hassan Ali Al Masudi (Masudi), cuyo gran mérito fue reconocido por el mundo científico a finales del siglo XVIII, viajó a mediados del siglo X a través del inmenso imperio de los califas, de un extremo a otro. Además, visitó Ceilán, Madagascar y Zanzíbar. En su famosa obra "Pastos dorados" describe la naturaleza de los países que vio, "sus montañas, sus océanos, sus dominios, sus dinastías, así como las creencias y costumbres de los habitantes".
Ibn Haykal Al Biruni, Idrissi e Ibn Batuta, son otros viajeros y eruditos autores de obras geográficas inestimables, que hicieron accesible a Occidente horizontes sobre los cuales nunca se había soñado.
Idrissi, que nació en Ceuta en el año 1099 y que vivió en la Corte de Palermo, escribió un tratado sobre geografía para Roger II de Sicilia. "Durante trescientos cincuenta años -dice L.A. Sedillot- los cartógrafos europeos sólo copiaron este tratado con insignificantes variaciones".
Haremos una mención especial del Mapa de Tamerlan Mundi de Ulug Beg, el nieto de Tamerlan y autor de las famosas tablas astronómicas que llevan su nombre. Cuando lo dibujó, se basó, principalmente, en los escritos de Nasr De Dine Thusi y en las observaciones de Al Koshdj. Este último, por orden de Ulug Beg, realizó un viaje a China y comprobó la medida de un grado del meridiano y el tamaño del mundo.
Hablando de las cartas marítimas que elaboraron los árabes, Sedillo describe que pertenecía a Malem Cana, moro del Gujerat, a quien llevó como guía a Melinda. Otra carta, dibujada por el árabe Omar, ayudó a Al-Burquerque cuando navegaba por el mar de Omán y el Golfo Pérsico.
En una carta escrita desde Haití y fechada en Octubre del año de 1498, Cristóbal Colón nombra a Aventuez (Averroes), como uno de los autores que le condujo a adivinar la existencia del nuevo mundo
(Navarrete: Colección de viajes y descubrimientos. Citado por Renan en : Averroes y el averroismo, Madrid. A. Humboldt: 1925. "Historia del Descubrimiento del Nuevo Mundo").
En el Diccionario Histórico de Kätib Tcheleb, llamado "Hadja Khalifa", se pueden encontrar varios centenares de nombres de historiadores famosos.
Los escritores históricos más antiguos se remontan a la época de los Omeyas. Uno de los primeros escritores fue probablemente Abu Minag, citado por Masudi en su obra "Pastos Dorados". Murió en el año 130 de la Hégira (Año 747).
Verdaderamente la mayoría de los historiadores musulmanes no se dedicaron a construir esas amplias teorías que preocupaban cada vez más al pensamiento occidental, y que caracterizó a la ciencia histórica corriente. Más bien se consideraron como coleccionistas de información de archiveros para la posteridad. Se abstuvieron de definirse a sí mismo como interpretes y jueces de hechos pasados.

UNIVERSIDADES

Los árabes establecen la primera Universidad en Europa en la ciudad de Córdoba, España, así como otras importantes universidades que fueron el paradigma para otras naciones, es decir, los árabes fundaron la primera universidad que fue el modelo para la fundación de otros centros de estudios en Europa y el continente americano. Claro, antes de Córdoba hubo universidades en el Medio Oriente, como la Universidad de El Cairo, fundada en el Siglo VIII. Dentro de este contexto, cirujanos árabes fueron los primeros en hacer la disección del cuerpo humano. El primer telescopio que se conoció fue construido por los árabes.Además, fueron originadores de la Química moderna, la meteorología y la geografía, desarrollando el método experimental de la ciencia.

ARTE
thart05.gif (16595 bytes)"Los árabes sobresalían en los mosaicos, incrustaciones, adornos y trabajos de aplicación de todas las clases. Maravillosas puertas, púlpitos y techados están decorados en muchas de las antiguas mezquitas de todo el mundo musulmán con un diseño de mosaico, marfil, madera y yeso esculpido, y delicadas piezas de madera tallada interpuestas entre sí con consumada maestría. Ellos pusieron la ciencia en el camino de la exactitud, el experimento científico, mientras producían libros, tratados; construían hospitales, escuelas superiores y universidades que extendían sus logros intelectuales a todos los rincones del mundo. En Europa, los árabes abrieron el camino de su Renacimiento. Tanto así que justifica el título de “Profesor de Europa”, ya que los árabes culturizaron a los europeos y se debe a ellos que Europa comenzara a salid de su edad oscura. Se les enseñó a Europa, cosas tan sencillas como la higiene personal (bañarse, lavarse, el uso del jabón y hasta el cepillo de dientes).Esto fue hecho en la Edad Media cuando Europa estaba sumida en la barbarie. Y en la Edad Antigua, cimentaron la base del conocimiento, mucho antes que Grecia y Roma conocieran la cultura. El proceso es continuo y dinámico. Cada civilización dá su aporte en el momento que aparece y se tabula a continuación de los progresos anteriores. No existe copia, sino que una continuación de los hechos científicos, lo que se determina en las matemáticas, como progresión o serie rogresiva, de donde se deriva la palabra “progreso”.
El arte musulmán surgió como resultado de la fusión de los estilos que encontraron los árabes a lo largo de su conquista de los países del Mediterráneo Oriental.
La fórmula de este nuevo arte fue modificada y enriquecida por los diversos pueblos que formaron parte de la comunidad islámica, según su talento nativo y las influencias externas a la que estaban sujetos.
De esta forma, los monumentos de El Cairo y Córdoba pueden ser confundidos con los de Samarkanda o los de Delhi. El sobrio balance de los planos y de los volúmenes y la moderación arquitectónica de los monumentos de Alepo y Damasco, son diferentes a la exuberante fantasía de los palacios de Granada y de Sevilla.
La inteligencia abstracta de los hombres del desierto encuentra su expresión en las líneas geométricas del arabesco. Los azulejos esmaltados y floreados de Ispahan reflejan los sueños poéticos del Irán.
Pero esta diversidad no impide la unidad.
La España medieval aceptó la mayoría de las tradiciones artísticas de Andalucía, que había estado bajo la directa ocupación de los árabes. La influencia sobre el arte italiano fue también considerable. A Francia llegó por Septimanía, las obras de Emile Male, una autoridad en esta materia, señala su importancia.
La influencia de la mezquita de Córdoba es evidente en Notre Dame de Puy: "No puede ser pura casualidad que se vea el arco de trébol en la Catedral de Puy junto con el arco multilobulado, el arco de herradura y el arco de piedra bicolor de la Mezquita de Córdoba. El origen oriental de todas estas formas está afirmado por los caracteres árabes que enmarcan la entrada. La fachada multicolor, el doble arco, que es tan característico de la Mezquita de Córdoba y las pechinas, nos recuerdan a Andalucía (A. Fikry: L'Art roman du Puy et les influences islamiques, París 1934).
Dentro de las "artes menores" las copas y jarros tallados en cristal de roca y las cristalerías esmaltadas en colores brillantes, gozaron de especial popularidad, así como el repujado en cuero, armas, alfombras y tejidos, especialmente las sedas.
Algunas curiosidades: El tejido “damasco” toma su nombre de la ciudad de Siria del mismo nombre; la “muselina” debe su nombre a Mosul, “balaquín” viene de Bagdad; y el “tafetán” es un nombre persa.

LITERATURA
libro1.gif (20400 bytes) Hay que considerar el nacimiento de la poesía lírica moderna en Europa. Surgió casi simultáneamente en España y Francia, a principios del siglo XII, y se extendió a Italia y al resto de Europa. Los romances españoles y las trovas provenzales son sus primeras formas de expresión.
¿Qué es exactamente la canción de los trovadores?.
El trabajo de Julien y de Ramón Menéndez Pidal, y los estudios de R. Nycle, muestra como la poesía de los trovadores deriva de la poesía popular árabe-andaluza.
Las últimas investigaciones de la Nueva Escuela Española de Historia, han establecido entre la poesía lírica andaluza, cuyos primeros ejemplos aparecieron a finales del siglo IX, y la poesía lírica provenzal, claros paralelos.
Esta forma de poesía apareció en Andalucía en el siglo IX, en el popular “Zerjel”. Esto representa uno de los más atractivos resultados de la fusión de dos civilizaciones, la árabe y el romance.
El notable trabajo de Asím Palacios sobre el origen musulmán de la Divina Comedia, ha demostrado la influencia que ejerció sobre Dante el místico Muhy Addin Ibn Arabi, y el poeta ciego Abul Ala Al Maari. La novela filosófica de Ibn Tufayl “Hay Ibn Yakzan” ( El viviente, hijo del vigilante), traducida al latín por Edward Pococke hacia 1671, inspiró a Daniel Defoe para su obra “Robinson Crusoe”.
Ibn Hazm, una de las mentes mas brillantes de la España musulmana ejerció una influencia constante sobre la literatura occidental. Fue un escritor muy prolífico, escribió varias fábulas, cuentos y apologías que, a partir del siglo XIII, se extendieron por toda Europa.
“En general, la contribución árabe más valiosa a la literatura de Europa medieval fue su influencia sobre la forma, gracias a la cual la imaginación occidental pudo liberarse de las reglas impuestas por la tradición” (Phillip Hitti).
Sobre la poesía persa Goethe dijo una vez: “A lo largo de 5 siglos los persas tuvieron solamente 7 poetas que ellos consideraron como verdaderos maestros, pero incluso entre que aquellos que rechazaron, los había mejores que yo”.
Hafiz fue el primer poeta persa que consiguió verdadera fama en Europa. Fue el orientalista alemán Von Hammer-Purgstall quien introdujo -hacia 1812/13- al maestro de los “ghazels” (poemas líricos) a los lectores occidentales.
La verdad es que, al principio, sólo trajo la atención de un limitado círculo de literatos, hasta que Goethe publicó su colección de poemas llamados “ West-Ostlicher Diwan”, en 1819.
La colección de poemas de Hafiz, fue traducida de manera parcial o en su totalidad a todas las lenguas europeas.
Pero la fama de Hafiz, como la de todos los demás poetas de oriente y occidente fue superada por el renombre mundial de Omar Khayyam [poema en esta edición de Blush, en la sección La fotografía]. El es verdaderamente, uno de los poetas más leídos en los dos hemisferios. Existen por lo menos doce traducciones del “Rubayat” en francés, así como varias en inglés, alemán, ruso, italiano, español, danés, húngaro y turco.
Se puede hablar, con razón de un verdadero culto al poeta en los países anglosajones. El club de Omar Khayyam se fundó en Londres en el año 1892 y dio origen a una multitud de instituciones similares.


FILOSOFÍA
idea.gif (36868 bytes)La especulación filosófica árabe data del primer siglo de la era musulmana y aparece primero en relación con la teodisea del Islam. Con la expansión y la asimilación de las obras de la antigüedad, el pensamiento musulmán se hace más complejo y más sutil.
En el tercer siglo de la Hégira, bajo Al Kindy, fue fundada la Escuela musulmana de escolástica, estrechamente relacionada con la tradición helenística, en ella predominan las tendencias neoplatónicas. Varios escritores de esta Escuela se encargaron de la tarea de reconciliar a Platón y Aristóteles y de ponerles en la misma línea que la religión revelada. Los más ilustres de estos escritores son Al Farabi (el Avicena, a quien debemos un tratado titulado: La ciudad perfecta), Ibn Badja, Ibn Tufayl e Ibn Ruchd (Averroes).
En filosofía, como en ciencia, el pensamiento musulmán fue un eslabón indispensable entre el pensamiento de la antigua edad y la especulación moderna.
"Es un hecho muy claro que el Islam logró reconciliar el monoteísmo, que es la principal contribución del antiguo mundo semítico, con la filosofía griega, que era la contribución primaria del antiguo mundo indoeuropeo" (Jacques C. Riesler).
Desde luego, debemos recordar que en el mundo de la meditación filosófica, la escolástica forma una parte del pensamiento musulmán, menos importante y menos original que el movimiento de ideas producido por grupos teológicos.
En filosofía, como en ciencia, los pensadores musulmanes mostraron una curiosidad intelectual que abarcaba todo… Todos los problemas sobre las causas primarias que se presentaron a la mente del hombre, todas las formas de meditación filosófica que van del empirísmo más positivo al misticismo más elevado, pasando por etapas intermedias de escepticismo y racionalismo.
Si nos detenemos a examinar la escolástica musulmana es porque la influencia de sus principales representantes sobre la filosofía religiosa y laica fue particularmente importante en la Europa de la Edad Media. Avicena y Averroes alcanzaron tal renombre en Occidente, que su fama superó en mucho la adquirida en Oriente, donde eran conocidos principalmente como médicos.
La importancia de Avicena se basa en el carácter enciclopédico de su trabajo. Estableció un sistema científico que duró varios siglos y como principal representante del escolasticismo formuló por completo esta filosofía. "No hay ni una sola tesis de nuestros filósofos medievales que no examine sus relaciones con la filosofía de Avicena. Y cuando más profundamente se examina esto, más claramente se ve que Avicena no fue sólo una fuente de la que todos bebieron libremente sino también una de las principales influencias formativas de sus pensamientos" (A.M. Goichon: La filosofía de Avicena y su influencia en la Europa medieval. Ediciones Adrien Maisonneau, París).
Alberto Magno la tomó como modelo, aunque luchó contra la filosofía árabe en general y Renan -en su trabajo "Averroes y el averroismo"- no dudó en afirmar que el maestro de Santo Tomás, que estaba muy influido por Averroes, no era un desconocido del pensamiento aviceno. El Papa Juan XXII, antes de subir al trono pontificio, "enseñaba una teoría del conocimiento, en la que Avicena sustituía a Aristoteles". Guillermo de Auvergne, Alejandro de Hales y muchos otros, aprendieron de la misma fuente.
Averroes, cuyo nombre es una distorsión de Abdul Walid Mohammad Ibn Ruchd, tuvo aún más éxito en Occidente que el propio Avicena. Por sus comentarios sobre Aristóteles adquirió una fama inigualable para cualquier otro autor musulmán.
En 1240, Guillermo Auvergne, entonces Obispo de París, mando que censuraran varias escrituras teñidas de arabismo. En 1269, Etianne Tempier, Obispo de París, confirmó esta sentencia. No obstante, esta censura no pudo aplastar el movimiento.
La filosofía árabe continuó desarrollándose. De hecho, Siger de Barabant, que está considerado como el fundador del movimiento que llamamos "averroismo latino" o "averroismo cristiano", estuvo enseñado en la Universidad de París entre los años 1266 y 1277.
En el año 1277 el Papa ordenó una nueva investigación cuyo resultado fue la prohibición de 219 escritos considerados subversivos.
Expulsado de la Universidad y obligado a comparecer ante la Santa Inquisición, Siger fue condenando a cadena perpetua. Pero a pesar de todas estas medidas, el averroismo continuó ganando terreno.
El movimiento de ideas efectuado por Averroes fue tan extenso y las críticas de su trabajo tan contradictorias, que es necesario un considerable esfuerzo para comprender la verdadera personalidad del filósofo. Hay frecuentemente una laguna entre el pensamiento original del comentador y las ideas que se le han atribuido.

PARA FINALIZAR..
El mundo árabe moderno nace en el siglo VII después de Cristo y por lo tanto, empieza desde allí su participación en la ciencia. Desde ese entonces, inventa y descubre nuevos sistemas y también adapta, transmite y desarrolla conceptos anteriores. Por ejemplo, descubren la trigonometría esférica y no puede decirse que la copiaron de los griegos porque éstos manejaban la trigonometría plana, quienes a su vez la tomaron de los egipcios y babilónicos, para desarrollarla posteriormente.
La cultura y el conocimiento van creciendo y nadie se apropia de nada, simplemente es el proceso natural del progreso continuo. Mucho antes, otro máximo periodo de esplendor se dio en la Edad Antigua, desde 4000 hasta 400 AC, en pueblos semitas, originarios de la Península Arábiga, que hablaban diferentes dialectos semíticos identificados con el árabe (babilonio, caldeo, síriaco, arameo, etc.) que emigraron hacia los países del Medio Oriente, Asia Menor y Norte de Africa, donde desarrollaron culturas excepcionales e independientes (egipcia, babilónica, asiria, nabatea, fenicia, caldea, etc.), cuando también Europa se encontraba sumida en la prehistoria, en tiempo de las famosas glaciaciones, donde Arabia y sus países colindantes florecían y reverdecían.De esa forma, si se quiere establecer el origen de la cultura de la actual civilización, está claro que provino de los países de origen semita o semítico – hamita – que hoy conforman lo que se conoce como el Mundo Árabe.

De allí que hay dos periodos de apogeo de la Cultura Árabe:
1. La Edad Antigua, aunque llamada por los nombres independientes de los pueblos de origen árabe que la habitaban (Babilonia, Caldea, Egipcio, Fenicia, etc.).
2. La edad Media o Cultura Árabe propiamente dicha.

Aunque Europa crea que es la cuna de la civilización, no es cierto. Los árabes se encargaron de culturizarla desde su prehistoria en la Edad Antigua e incluso de volverla a culturizar en el oscuramiento y atraso que volvió en la Edad Media. El detalle de los inventos, descubrimientos y aportaciones árabes a la cultura humana, desvirtuaría el intento de otras etnias de apropiarse de los inventos árabes e invisibilizar el aporte que éstos han hecho a la cultura, ciencia y arte universal.

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III LA DINASTIA ABASSIDA (751-1258).

Génesis y Desarrollo   
                                                                                              
Los Omeyas fueron derrotados por una coalición de shiíes, iraníes y otras comunidades musulmanas y no musulmanas insatisfechas con su régimen. Los rebeldes fueron dirigidos por la familia Abasí, descendiente de un tío de Mahoma, Abbas, de donde procede su nombre. Desde el 718 los Abasíes habían conspirado para apoderarse del califato, enviando agentes a diversas partes del imperio musulmán para minar el prestigio de los Omeyas. Hacia el año 747 se habían asegurado el apoyo suficiente para organizar una insurrección en el norte de Irán, que condujo a la caída del califato Omeya tres años más tarde. Los Abasíes ejecutaron a la mayoría de los miembros del antiguo clan dirigente, trasladaron la capital del imperio a Bagdad e imitaron en su corte gran parte de la pompa y ceremonia de la anterior monarquía persa.En el año 751 fue derrocada la dinastía Siria de los Omeyas. Sólo se salvó uno de sus miembros, Abderrahmán, quien consiguió refugiarse en España, donde fundó el Emirato de Córdoba. La ascensión de la dinastía abasí al poder tras la caída de los omeyas no fue sólo una sustitución dinástica, sino una revolución que implicó profundos cambios en las estructuras del imperio. El estilo sirio-bizantino de los califas omeyas fue sustituido por el estilo mesopotámico persa de los abasíes. Surgió una nueva concepción del mundo islámico, encarnada por los califas de Bagdad y sus visires, su corte y su autocracia. La vida económica recibió un gran impulso, la aristocracia beduina de los conquistadores fue reemplazada por un gobierno cosmopolita, sustentado en los mercaderes, los negociantes y los administradores, quienes acrecentaron las fortunas personales y la del Estado. Este cambio respondió a la necesidad de una economía de paz agrícola y comercial. El Islam extendía sus dominios desde el Atlántico hasta Asia central, pese a la constitución de un emirato independiente del poder central en España y a que en el siglo X los fatimíes controlaron el norte de África. La hegemonía política musulmana estuvo acompañada de una dominación económica que generó graves desequilibrios sociales en el imperio. Éstos dieron lugar a disturbios y revueltas cuyas principales reivindicaciones, aparentemente motivadas por causas de tipo religioso, tuvieron con frecuencia un marcado carácter social, especialmente en el ámbito campesino, como manifestación de oposición contra el dominio de ciudadanos y burgueses. Las ciudades tuvieron un gran desarrollo tanto en el plano económico como en el cultural. Las letras y las ciencias adquirieron un gran impulso al ser propiciadas por los califas, sabios, poetas, músicos, teólogos y filósofos reunidos en torno a las grandes escuelas, madrasa, del pensamiento islámico, que crearon una efervescencia intelectual, de donde surgieron un sinnúmero de ideas, sectas, movimientos y polémicas. Esta atmósfera creativa no sólo influyó en las formas de vida y en la mentalidad de época, sino que también se extendió a la vida política. Es así como surgieron distintas corrientes ideológicas interpretativas del Islam y con ello diversas líneas de acción que condujeron a la división del imperio musulmán en tres califatos (Fatimí, Omeya de Córdoba, y Abbassí), incluso en el propio seno del califato abbassí se manifestaron tendencias hacia una desmembración del pode central en beneficio de jefes locales más o menos importantes. Tal situación obligó a los califas Abbassíes, para hacer frente a estas tendencias separatistas, a recurrir a fuerzas exteriores (Turcos), que paulatinamente fueron adquiriendo un papel preponderante no sólo en el ejército, sino también en el gobierno, lo que finalmente llevó a la desmembración del califato y a la destronización de la dinastía abbassí. Esta situación afectó no sólo a Bagdad, sino también a los omeyas en España y a los fatimíes en Egipto. A partir del siglo XIII, la conducción del mundo musulmán pasó de las manos árabes a las de los no árabes, a nuevos conversos llenos de un entusiasmo comparable al de los primeros discípulos del profeta Mahoma. La Ascensión De Los Abassiíes los primeros califas. El inicio de la insurrección abbassí lo encontramos en un movimiento impulsado por el partido Hashimiya que estaba formado por adeptos de Mujtar y de Muhammad ibn al Hanafiya, nieto de Alí, escapados a la derrota infligida por Ubayd Allah en el año 687. Los sobrevivientes se habían agrupado en torno al hijo de Al Hanifa, Abu Hashim. Cuando éste murió, sin descendencia, reconocieron por heredero suyo no a un Ali, si no a Muhammad Ibn Ali, un descendiente de Al Abbas, que fue aceptado por la secta y obtuvo la dirección de su organización propagandística y revolucionaria. El principal centro de actividad estuvo en Jorasán, donde numerosos shiítas y abbassíes habían sido exiliados anteriormente por Al-Hayyay, allí encontró apoyo por parte de los mawali locales, descontentos de su situación social y económica. La actividad hashimí comenzó hacia el año 720, pero no adquirió real fuerza hasta el año 743, cuando el hijo de Muhammad Ibn Alí, Ibrahim, nombra al mawali persa Abu Muslim como encargado de la acción subversiva en Irán. Abu Muslim consiguió considerable éxito entre la población persa, incluyendo hasta la aristocracia rural y ganó también la simpatía del movimiento shiíta, el cual aceptó la di­rección de éste. El año 746 comenzó el levantamiento hashimí y las banderas negras de los abasíes fueron izadas en Jorasán. El conflicto entre las tribus árabes impidió a la dinastía omeya detener el movimiento abasí, y los ejércitos de Abu Muslim avanzaron hacia el este, obteniendo victoria tras victoria, hasta que finalmente derrotaron al ejército omeya en las riberas del gran Zab. Fue así como el abasí Abu Al-Abbas, hermano de Ibrahim, asumió el liderazgo de la Umma co­mo califa y fundador de una nueva dinastía, con el nombre de Saffah. El califato de Abu Al-Abbas (750-754) se distinguió esencialmente por la persecución a los omeyas y la distribución de las provincias a sus parientes. Estableció su capital en la pequeña población de Hasimyya, que se edificó en la orilla oriental del Eufrates. Más tarde trasladó la capital a Anbar. Le sucedió su hermano Abu Ya'far Al-Mansur ("el victorioso") (754-775). Verdadero fundador de la dinastía, dotado de una muy alta opinión de su rol, quiso ser soberano sin discusión, y para ello persiguió a los shiítas, quienes, apartados del califato, provocaron revueltas en dos ocasiones (755 y, sobre todo, 762-763), aunque sin éxito. En cuanto a Abu Muslim, a quien los abasíes debían su advenimiento, fue asesinado en 755; representaba un peligro y un adversario para el califa, pues había conseguido reunir en torno a sí un grupo de fieles. Por otra parte, éstos, después de su muerte, fundaron una secta (Abu Muslimiya) que tuvo cierta resonan­cia en el Jorasán. Por su parte los jarichitas, que vieron frustradas sus reivindicaciones, provocaron algunas revueltas en Omán y posteriormente desplazaron toda su actividad política al norte de África, usando como centro de operaciones la ciudad de Trípoli, que capturaron el 757. Los jarichitas se apoderaron de Qairawan al año siguiente y lograron constituir un Estado que comprendía Argelia oriental, Túnez y Tripolitana. Sin embargo, a pesar de las sucesivas insurrecciones provocadas por éstos, fueron finalmente reducidos en 770-771 y la provincia de Ifriqiya permaneció a partir de entonces bajo el dominio del califato. Las disidencias de Abu Muslim, de los shiítas y jarichitas, obedecieron a que la revolución abasí, como la mayoría de estos movimientos, fue una coalición de diferentes intereses, mantenidos juntos por el deseo común de derribar a la dinastía omeya, pero condenado a disgregarse en grupos en pugna, una vez lograda la victoria. Al-Mansur tuvo el mérito de organizar la administración del Estado, que situó bajo la dirección de los visires de la familia de los Barmakies, pero sobre todo fue el fundador de la ciudad de Bagdad, exactamente de Madinat As-salam, la ciudad de la paz. Al-Mansur escogió el sitio por buenas razones prácticas. Estableció la ciudad cerca de un canal navegable que liga el Tigris y el Eufrates y que ocu­pó una posición clave en las rutas comerciales que se cruzan en todas direcciones y sobre el camino a la India. Existe un relato del geógrafo Ya'qubi que revela los pensamientos del califa al elegir el lugar: "Esta isla entre el Tigris al este y el Eufrates al oeste es un lu­gar para un mercado mundial. Todos los barcos que ascienden por el Tigris procedentes de Wasit, Basra, Ubulla, Ahwaz, Fars, Uman, Yamama, Bahrayn y más allá, recorrerán sus aguas y anclarán aquí. Mercancías traídas en barcos sobre el Tigris procedentes de Mosul, Diyar-Rabia, Adarbayyan y Armenia, y a lo largo del Eufrates, oriundas de Diyar-Mudar, Raqqa, Siria y los pantanos colindantes, Egipto y África del norte, serán transportadas y descargadas aquí. Será la ruta para las poblaciones de Yabal, Isfahan y los distritos de Jorasán. Dios sea loado, que la preservó para mí e hizo que la menospreciasen todos los que vinieron antes que yo. En nombre de Dios, la edificaré. Entonces viviré en ella mientras viva y mis descendientes morarán en ella después de mí. Será seguramente la ciudad más floreciente en el mundo." La ciudad de Bagdad ha sido también llamada Madinat Al-Mudawwar, ya que la parte esencial de la ciudad estaba constituida por un círculo de cuatro kilómetros de diámetro, que formaba una especie de ciudadela, en cuyo centro se erigía el palacio del califa y a su alrededor fueron construidos otros palacios, mezquitas, edificios oficiales, viviendas para los funcionarios y los cuarteles para la guardia jorasaní de los califas. Dos grandes ejes, que se cortaban en el centro en ángulo recto, conducían a las cuatro puertas construidas en las murallas de la ciudad. En el exterior se desarrolló rápidamente una gran metrópoli comercial. Bagdad fue la capital del imperio por quinientos años, constituyéndose en el centro de la vida política, económica, social y cultural. Una descripción de la ciudad y su refinamiento se encuentra en las crónicas de los viajes del geógrafo árabe del siglo XIV Ibn Battuta: "Bagdad tiene dos puentes de barcas, amarradas de la mane­ra que ya hemos relatado al hablar del puente de la ciudad de Al-Hilla; la gente, lo mismo hombres que mujeres, los cruzan día y noche, muchas veces por el simple placer de pasear. Hay en Bagdad once mezquitas en las que se recita la jutba y se reza la oración del viernes: ocho en el lado de poniente y tres en la parte de levante; hay otras muchas mezquitas y madrasas, pero están todas en ruinas. Hay también muchos baños de los más maravillosos que he visto, casi todos embadurnados de alquitrán hasta la azotea, así que al que los mira le parecen de mármol negro. Este alquitrán se saca de una fuente que hay entre Kufa y Basora, de la que se le hace manar continuamente. En los bordes del manantial se hace como arcilla, se traspa­lea y acarrea para Bagdad. "En cada uno de estos baños hay muchas celdas con el suelo y la mitad inferior de las paredes untados de alquitrán, mientras la mitad de arriba está recubierta de yeso puro, blanco; de este modo, los dos contrarios se juntan y sus bellezas se encuentran frente a frente. Dentro de cada una de estas celdas hay un pilón de mármol con dos canalillos, por uno de los cuales corre agua caliente y por el otro agua fría. En la celda no entra más que una sola persona, sin que nadie la acompañe, a menos que lo quiera así; en un rincón hay otra pileta para lavarse, que tiene también dos canalillos de agua caliente y fría. A todo el que entra, se le dan tres toallas: una para ceñírsela al cuerpo cuando entra, otra para hacer lo mismo cuando sale de la celda y otra para secarse el cuerpo; no he visto semejante esmero en ninguna otra ciudad, más que en Bagdad y en algunos países que se le parecen en esto." El cambio de sede de la capital imperial significó el traslado del centro de gravedad desde Siria a Irak, el centro tradicional de los grandes imperios cosmopolitas del Oriente Cercano y Medio, en el que las antiguas influencias orientales, y especialmente persas, de­sempeñaron un rol cada vez mayor. A la muerte de Al-Mansur accedió su hijo Al-Mahdi (775-785), cuyo gobierno se caracterizó por las acciones represivas contra las sectas heterodoxas y la condena a muerte de sus adeptos, a los que da el nombre genérico de zindiq (opositores a la fe revelada). Se destacan las ejecuciones de Ibn Al-Muqaffa, acusado de maniqueísmo, e Ibn Abi Al-Awya, acusado de negar la ley. Después de una temporal am­nistía sin resultados, se acrecentó la persecución con la creación de un organismo especial para ello. Sin embargo, en el año 778 Al-Muqqanna, "el profeta velado", discípulo de Abu Muslim, dirigió en el Jorasán una gran rebelión que se extendió a Bujara y Samarcanda y solamente dos años después logró ser sofocada. Al-Hadi murió asesinado en el año 786 y asumió el poder el célebre Harun Al-Rasid (786-809), cuyo nombre significa "el que sigue el camino recto". Es el califa más conocido de la dinastía; incluso la leyenda se ha ocupado de él, pues aparece en numerosos cuentos árabes. Por ejemplo, en los cuentos de Las mil y una noches. Vemos a Harun con su visir Jaffar —frecuentemente disfrazados— caminar entre sus súbditos para conocer sus necesidades, hacer justicia, casti­gar a los jueces venales y ayudar a desgraciados y oprimidos. El fiel Jaffar era el firme apoyo y confidente de Harun. En "Las mil y una noches" es el compañero inseparable de las más locas aventuras del califa. Entre aquellas leyendas se halla la siguiente: "Una tarde, Harun llamó a su visir y le dijo: 'Es mi voluntad ir por la ciudad e interrogar a la gente sobre quienes les gobiernan. Aquellos de los que oiga alguna queja, serán destituidos, y quienes sean alabados serán recompensados'. Jaffar respondió: 'Tu voluntad es ley'. "En compañía de su visir y de su verdugo, el califa se dirigió a la ciudad y re­corrió sus calles y plazas. En una miserable calleja había un viejo pescador que recitaba en voz alta unos versos quejándose de su triste sino. Al preguntarle por qué estaba afligido, el hombre respondió: '¡Oh, señor! Soy un pobre pescador cargado de familia que he trabajado desde el mediodía hasta ahora, pero Alá no me ha concedido con qué pueda alimentar a los míos'. '¿Quieres volver con no­sotros a la orilla del río —dijo el califa— y echar en mi nombre tus redes en el Tigris? Cualquier cosa que recojas te la compraré por cien monedas de oro'. Contentísimo, el hombre exclamó:' '¡Por mi vida, os acompaño!' Los siguió, pues, hasta las orillas del río y arrojó inmediatamente su red. Sacó en ella un pe­sado cofre sellado que el califa mandó abrir: contenía una mujer joven, 'blanca como una moneda de plata, pero muerta y cortada en diecinueve trozos'. '¡Qué horror! —gimió el califa y volviéndose a Jaffar, exclamó—: ¡Oh, perro visir, ¿es posible que en mi imperio sea asesinada la gente y arrojada al río, y que en el día del juicio tenga yo que responder de estos hechos? ¡Por Alá! que esta mu­jer será vengada y su asesino perecerá con la muerte más cruel!' Y añadió: 'Te colgaré en la poterna del palacio, a ti y a cuarenta miembros de tu familia, si no me traes al asesino de esta mujer, para que pueda darle castigo'. "Jaffar pidió tres días de plazo para cumplir tal misión y Harun se los concedió. Pero pasaron los tres días sin que Jaffar hubiese podido descubrir al cul­pable y las horcas destinadas al visir y a sus parientes estaban a punto. Gente de todas partes acudía para presenciar el suplicio. Pero cuando todos observaban al califa que iba a dar la señal fatal, un joven salido de la multitud se adelantó hacia el visir y le habló así: '¡Oh, refugio de los pobres, tu rectitud te salvará! Yo soy quien mató a la mujer encontrada en el cofre. Que me ahorquen a mí y que la justicia siga su curso'. "El joven contó luego al califa lo que sigue: 'Jefe de los creyentes, sabed que esta mujer era mi esposa y la madre de mis hijos. Ella me amaba y me servía con abnegación. Pero un día en que estaba enferma y deseaba con ansia comer manzanas, fruto rarísimo en Bagdad, pude conseguirle tres. Hacia el mediodía, cuando me hallaba en mi tienda sirviendo a los clientes, pasó un esclavo negro, alto y feo. ¿Y qué vi entonces? Se entretenía con una de las manzanas echándola a lo alto con las manos. Le dije: 'Amigo esclavo, dime, ¿de dónde has sacado esta hermosa manzana?' Y me respondió sonriendo: 'Me la ha dado mi amante. Cuando la visité enferma en cama, tenía tres manzanas. Ella me dijo: 'Mi cornudo marido se ha tomado mucho trabajo para traérmelas'. He comido y bebi­do con ella y me he llevado una de las tres manzanas'. 'Cuando oí esto, ¡oh, jefe de los creyentes!, creí perder mi cabeza. Cerré la tienda y me dirigí furioso a casa. Busqué las manzanas con la vista y al no ver más que dos, pregunté a mi es­posa: '¿Dónde está la tercera manzana?' Levantó la cabeza con negligencia y me respondió que no lo sabía. Para mí fue la prueba de que el esclavo dijo la verdad: cogí un cuchillo, me coloqué tras ella y sin decir palabra le corté la cabeza. Después, la hice pedazos, la coloqué en un cofre y lo eché al Tigris. Pero al volver a casa encontré llorando al mayor de mis hijos. '¿Por qué lloras, hijo mío?' Y me respondió: 'He cogido una de las tres manzanas que mi madre tenía y me la llevé a la calle para jugar con mis hermanos. Vino entonces un vil escla­vo negro que me preguntó de dónde la había sacado, me cogió la manzana de las manos y se la llevó. Temiendo que mamá me azotara por haberle robado la fruta, salí de la ciudad con mi hermano y he permanecido fuera hasta al anoche­cer'. Cuando escuché el relato de mi hijo comprendí que el esclavo había menti­do y calumniado a mi mujer de modo abominable. Desde hace cinco días que no ceso de gemir anonadado. Por tanto, os conjuro por el honor de vuestros an­tepasados que me ejecutéis en el acto y hagáis justicia, pues no quiero sobrevivir a mi querida mujer'. "El califa exclamó: '¡Por Alá, que este hombre merece perdón! Hay que bus­car a ese maldito esclavo'. Y volviéndose a Jaffar le dijo: 'Descubre a ese mise­rable, causa de tanto mal. Si no le encuentras, a los tres días morirás'. Jaffar llo­raba y se lamentaba: 'Dos veces me has amenazado ya con la muerte; tanto va el cántaro a la fuente...' ' 'A la mañana del cuarto día; Jaffar se preparó para morir: hizo testamento y se despidió de su familia. Al estrechar a la más joven de sus hijas en el último adiós, percibió algo bajo su vestido y le preguntó: '¿Hijita, qué es esto?' 'Padre —dijo la niña—, es una manzana que me ha dado hace cuatro días nuestro esclavo Rayhan'. Interrogado éste inmediatamente, no tardó en confesar que la había robado a un niño que jugaba en una callejuela. Jaffar sintió gran pesadumbre al saber que el culpable era su propio esclavo. Pero tenía ordenado con­ducir al culpable ante el califa y lo cumplió así. Al saberlo, Harun se sorprendió tanto que fue presa de un ataque de risa. La historia le pareció tan extraordina­ria que dijo que debía ser escrita en letras de oro, y para agradecerle por haberlo hecho reír, concedió el perdón al esclavo." El califa ganó gran reputación en Occidente debido a sus rela­ciones con la emperatriz de Bizancio, Irene, y con Carlomagno. Bajo su gobierno se inició el desmembramiento del imperio al conceder a los aglabíes, gobernadores de Ifriqiya, una autonomía muy próxima a la independencia a partir del año 799. El norte de África escapó al control de Bagdad, pues el Magrib central se hallaba en manos de los jarichitas rustemíes, y Marruecos en las de los idrisíes alies. Mientras tanto, en España se había constituido el emirato independiente. Sin embargo, el imperio abasí se extendía aún desde Egipto hasta la Transoxiana y constituía la mayor potencia política y económica de la época. El año 803, Harun Al-Rasid pone término a la dinastía de visires fundada por Jalid Al-Barmaki, debido al exceso de poder que había adquirido esta familia en la administración civil del imperio. Los visi­res barmakíes fueron acusados de haber participado en las intrigas para llevar a los shiítas al poder. En el año 809 murió Harun en una expedición al Jorasán, contra un levantamiento de la población turca e irania de la provincia. Su muerte dio lugar a una guerra fratricida por la sucesión, de la que salió victorioso Al-Ma'mun (813-833). Al-Ma'mun fue un gobernante inteligente, bajo cuyo califato la ci­vilización árabe conoció su momento de esplendor; con el deseo de acallar a la oposición de los alies, designó como su sucesor en 847 a Ali Al-Rida, imán de los shiítas duodecimanos. Este hecho político no significó una unión con la Shía, sino más bien un hábil intento de pacificación del imperio, en el entendido de que Ali Al-Rida gozaba de prestigio y contaba con la adhesión de sus seguidores. Sin embargo, esta decisión provocó una serie de protestas, principalmente de los sectores más ortodoxos de Bagdad, donde una sublevación llevó al nombramiento de otro califa: Ibrahim Ibn Al-Mahdi. La muerte de Ali Al-Rida y del visir pro shiíta de Al-Ma'mun llevó consigo el abandono de esta política de acercamiento entre la Sunna y la Shía que había propiciado el califa. Bagdad era entonces un gran centro cultural. Al-Ma'mun, hombre culto y visionario, se interesaba por las obras griegas entonces traducidas por los cristianos: ciencias, medicina y filosofía. Aristóteles era objeto de numerosos estudios, y así se introdujo entre los intelectuales árabes el método de razonamiento lógico implementado por los griegos; este método fue especialmente aplicado por la escuela Mutazilí, aparecida a finales de la época omeya; conoció su verdadero desarrollo durante la época de Al-Ma'mun. Varios de los teólogos, juristas y pensadores de la escuela pertenecían a la clase de los mawali, lo que explicaría la existencia de reivindicaciones sociales en la temática de su doctrina. Ésta apelaba a la razón individual, al libre arbitrio, sólo compatible con la justicia divina. Por otra parte, los mutazilíes consideraban al Alcorán como creado, no como eterno; esta última postura en relación al texto sagrado suscitó vivas controversias en la capital del imperio. El califa, que había tomado partido en favor de los mutazilíes, intentó imponer oficialmente su doctrina, mediante la fuerza si era necesario. Mientras tanto, al este del imperio, un general de Al-Ma'mun, Tahir, se proclamó independiente en el Jorasán, e hizo rezar la jutba (oración que se hacía a favor del califa) en su propio nombre; en Egipto estallaban una serie de conflictos; en Azer Bayjan, un movi­miento de resistencia con carácter social, dirigido por Babak, alcanzaba su plenitud entre 826-834. Al-Ma'mun falleció en Tarso en el momento que se preparaba a reiniciar las campañas bélicas contra los bizantinos. Con su sucesor, Al-Mu'tasin (833-847), se precipitaron una serie de acontecimientos y hechos erróneos, productos de su mal manejo de la política, que transformaron la estructura del califato. El prime­ro de ellos lo constituyó la contratación de mercenarios bereberes y principalmente turcos, como guardia personal del califa. Esta guar­dia totalmente leal al califa —al menos en principio— iba a desempe­ñar un rol cada vez más determinante en la gestión gubernamental, y prácticamente sus jefes serían en algunos períodos los dueños del po­der. El otro factor fue el abandono de Bagdad por el califa; éste no tenía apoyo allí, la población era difícil de gobernar, especialmente por su rechazo al mutazilismo; así, Al-Mu'tasil decidió en 835 trasladarse a Samarra, ubicada a 95 kilómetros al norte de Bagdad, donde esta­ba bajo la protección directa de la guardia. Ésta se beneficiaba de los favores del califa; con el descontento de los árabes y persas que retiraron su apoyo a la dinastía, los califas abasíes a partir de entonces estuvieron ligados a su guardia, principalmente a los turcos. En estas circunstancias, el califa Al-Mutawakkil (847-861) asumió el poder apoyado por dos jefes turcos, uno de los cuales fue asesinado. El mismo Al-Mutawakkil fue más tarde asesinado por la guardia turca. Durante su gobierno se produjo una reacción sunnita; la filosofía, teología dogmática, kalam, y el mutazilismo fueron condenados y prohibidos; el califa luchó también contra el shiísmo, llegando incluso a destruir los santuarios religiosos venerados por éstos, como el sepulcro de Husayn en Karbala. Al-Mutawakkil fue el último califa abasí preocupado del gobierno; después de él sobrevino un período de desmembración del califato, del que se derivaron, por una parte, el califato Fatimí de Egipto y, por otra, la preponderancia de los turcos selyúcidas, sobre los territorios disminuidos abasíes.-

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ADM, ECONOMIA Y SOCIEDAD EN EL IMPERIO ABBASSI

"El imánato se fundó para sustituir a la profecía en la defensa de la fe y en la administración del mundo."Al Mawardi.

El califa abasí era el imán, líder espiritual y temporal, soberano absoluto de la comunidad de creyentes, mandato que estaba regulado por la ley islámica o shari'a, cuyas fuentes la constituyen el Alcorán y la tradición del profeta, Sunna, en primera instancia, más el iyma (consenso de los doctos), el qiyas (aplicación del derecho por analogía) y el ra'i (aplicación del método racionalista lógico). El cambio de dinastía completó el proceso de estructuración del Estado, que ya había comenzado con los omeyas, de un jefe de la comunidad y rey árabe, cuyo poder descansaba en el consenso o iyma de la Sura (con­sejo consultivo), el califa se transformó en un autócrata que preten­día un origen divino para su autoridad. Ya no era vicario del profeta, sino "la sombra de Dios sobre la Tierra". Sustentó su poder en el ejército y lo ejerció mediante una burocracia asalariada, la aristocracia árabe fue sustituida por una jerarquía oficial. Rodeábase de una pompa y ceremonial de corte complicado y jerárquico, en la que podemos percibir una clara influencia de las costumbres cortesanas, sasánidas y bizantinas. Entre los califas surgió la idea de que estaban por encima de los mortales, aislándose de sus súbditos; vivían encerrados en sus palacios, rodeados de su guardia personal, sólo eran vistos el día que se trasladaban con gran pompa a la mezquita para la oración del viernes, pero poco a poco fueron abandonando incluso esta ceremonia y tan sólo podían acercarse a ellos sus familiares; en consecuencia, la población se hizo indiferente ante ellos, lo que nunca había ocurrido con los omeyas.

Una de las mayores preocupaciones de los califas era su sucesión. Se impuso un principio de herencia en el seno de la familia abasí y se esforzaron en regular este principio mediante una designación testamentaria; sin embargo, el reconocimiento del legítimo heredero provocó frecuentes disturbios; algunos califas llegaron a pensar incluso en la posibilidad de dividir su imperio entre sus herederos; la sabiduría o la fuerza hicieron siempre fracasar esta posición. Antes de tomar posesión del poder, el califa era proclamado como tal por los sabios y notables de la corte y posteriormente aclamado por el pueblo. Estas disposiciones se transformaron en puramente formales y simbólicas. El califa detentaba las insignias del califato, el manto, el bastón, el sello del profeta y, más tarde, la lanza.

Soberano espiritual y temporal, podía nombrar y revocar en sus funciones a los agentes del gobierno. Toda autoridad detentada por éstos, lo era en función de una delegación de autoridad califal. El califato abasí fue de hecho un despotismo basado en la fuerza militar. La misión califal se asemejaba al concepto de las monarquías orientales preislámicas, más que a la próxima Bizancio, situación que se denotó plenamente a partir del siglo IX.

El califa manifestaba públicamente su misión presidiendo, como sus predecesores la oración del viernes en la mezquita, impartiendo de tiempo en tiempo espectacularmente justicia, organizando expediciones de magnificencia contra el infiel, cada vez más esporádicas.

La administración del imperio estaba organizada en una serie de diwans o ministerios, entre los que figuraban los de la cancillería, ejército, correos e información, hacienda, guarda sellos y otras oficinas de carácter menor, a nivel de secretarías de gobierno, todos los cuales estaban bajo el mando supremo del wazir, cargo que fue innovación abasí. El wazir era el jefe de todo el aparato administrativo, y como autoridad suprema, bajo el califa ejerció un inmenso poder.

La instauración de un wazir estaba de acuerdo con la modalidad de gobierno implantada por los califas abasíes, quienes descargaron en este funcionario toda la responsabilidad de la administración civil del imperio. Hombre de confianza del califa, detentaba los poderes civiles y a veces también los militares; como estaba situado a la cabeza de la jerarquía, usaba y abusaba de sus poderes según la formali­dad más o menos firme del califa. Las oficinas de la administración, aparato muy perfeccionado, estaban agrupadas en Bagdad; pero la excesiva centralización perjudicó al imperio y favoreció las tendencias locales de autonomía. En las provincias, la autoridad era conjuntamente ejercida por el anu o gobernante y el 'amil o superinten­dente financiero; el ministerio de información y correo hacía de nexo entre la capital imperial Bagdad y las provincias; en éstas, la admi­nistración no sufrió gran variación en relación al período omeya.

Los ejecutores de las políticas gubernamentales eran un vasto número de funcionarios o kuttab, una burocracia de gran calidad profesional que le dio a la administración un valor y una estabilidad ejemplares. Existía una digna tradición en la burocracia de una moralidad intachable, que fue capaz de soportar todo el peso que significaba el gobierno de un extenso y magnífico imperio como el abasí.
En el ejército, perdió su importancia la milicia árabe, y las pensiones a éstos fueron gradualmente suprimidas. Ya no era un ejército de conquistadores, sino que un instrumento destinado a facilitar la aplicación de una política dentro de los límites del imperio, especialmente en las provincias orientales. Al comienzo de la dinastía, el reclutamiento se efectuaba entre los jurasanos, árabes e iranios que habían apoyado a los abasíes. Pero a partir del siglo IX los califas contrataron principalmente soldados turcos mamelucos, que trajeron de Asia central. Esto llevó consigo una decadencia de la aristocracia militar de tipo tradicional; como consecuencia de estos cambios, se produjo una serie de transformaciones de carácter político, financiero y social en el imperio.

Durante los primeros tiempos de los abasíes, el ejército desempeñó un papel esencialmente militar contra los bizantinos, quienes alrededor del año 745 reiniciaron una ofensiva, reconquistando Chipre y amenazando las fronteras de Siria y Armenia. En la época de Harun Al-Rashid se mantuvo la actitud defensiva en las fronteras con Bizancio, mientras que la supremacía marítima de los árabes era indiscu­tible.

Con Al-Ma'mun se produjo la ruptura definitiva entre el ejército árabe y el califa, quien incrementó el grueso de las tropas mercenarias; sin embargo, el ejército árabe no desapareció totalmente, manteniéndose una fuerza leal a la dinastía, conocida por 'Arab Ad-Dawla, encargada de defender las fronteras del imperio, Dar Al-Islam, la casa del Islam, y emprender la guerra santa o yihad contra el infiel. Este ejército no era rentado, por lo que se precipitó una disociación entre éste y el ejército principal central, inicialmente jurasaní, el único inscrito en el diwan, el único, por tanto, que recibía sueldo.

Sin embargo, la evolución no sólo tenía una causa étnico-política, sino que tenía también un aspecto técnico. El sistema de combate beduino, basado esencialmente en las hazañas individuales e ignorando tanto el armamento pesado y la guerra de asedio como la explotación táctica de los arqueros, ya no era suficiente, sobre todo considerando que nos encontramos en un período en el que en toda Eurasia se perfila un proceso de la caballería pesada. Las técnicas de combate, tales como el minado, la "artillería" de sitio, de la nafta, del tiro con arco a caballo, no podían ser enseñadas en forma suficiente más que a un ejército profesional, como lo fue el instituido por los abasíes.

Es en la vida económica del imperio abasí donde percibimos más claramente el carácter de los cambios que la revolución había traído. El imperio dispuso de ricos recursos. Las cosechas principales de los grandes valles fluviales irrigados fueron el trigo, cebada y arroz, mientras los alimentos secundarios más importantes lo constituyen las aceitunas y los dátiles.

Las plantas industriales eran producidas en abundancia, en especial las textiles. El lino de Egipto gozaba de gran reputación, pero el algodón iba ganándole terreno, y lo mismo pasaba en Siria; Juzistan producía igualmente un lino excelente. El papiro siguió siendo una fortuna monopolizada por Egipto, hasta que se pasó a utilizar el papel. En el siglo X se producía, a partir de la conquista musulmana, papiro en Sicilia y se vendía en Italia. La caña de azúcar, que se comenzaba a conocer en el momento de la conquista árabe en los bordes del golfo Pérsico, fue extendida ampliamente con el Islam por todos los territorios llanos, cálidos e irrigables. Además abundaban los cultivos de plantas para tintes y odoríferas, sobre todo en Irán, violetas, rosas, jazmines, narcisos, azafrán, índigo, albecia, incienso del Yemen.

Los abasíes emprendieron amplias obras de irrigación, extendieron el área de tierra cultivada, desecaron pantanos y consiguieron un rendimiento muy elevado, según los cronistas. La revolución dio a los campesinos mayores derechos de posesión y un sistema de tributación por arriendo más equitativo, basado en un porcentaje de la cosecha, en vez de un tipo fijo, como anteriormente. Pero la condición de los campesinos era aún mala, y con el transcurso del tiempo se agravó por las especulaciones de los mercaderes y terratenientes acaudalados y por la introducción de labor por esclavos en grandes posesiones, que degradó el crédito económico y social de la labor libre. A partir del 900, la generalización del sistema del iqta (concesión de tierras a los soldados) contribuyó a dislocar aún más profundamente la vida rural. Sin embargo, se trata tan sólo de uno de los aspectos que provocaron el trastorno que transformó al mundo abasí en el siglo X.

Además de los beduinos, la cría de ganado era practicada por los habitantes sedentarios, bovinos sobre todo como fuerza de trabajo, corderos, más importantes para carne, leche, queso y lana, asnos y muías para el transporte de cargas y hombres. Importante para la alimentación es la cría de aves de corral, que se complementaba con la caza y la pesca. El gusano de seda, en un principio criado en los bordes del mar Caspio, se extendía, poco a poco, por otras regiones: Irán, Siria, Sicilia y España. La apicultura, a pesar de su difusión, no evitaba tener que importar miel y cera de los países eslavos.

El imperio abasí estaba bien provisto de metales. El oro era traído del oeste, especialmente de Nubia y el Sudán; la plata venía de las provincias orientales y sobre todo del Kush indostano, donde, según una información del siglo X, trabajaban diez mil mineros. El cobre era transportado desde las proximidades de Isfahan, donde en el siglo IX las minas que lo producían pagaban un impuesto de cinco mil dirhams. Además, se traía hierro de Asia central, Persia y Sicilia. Piedras preciosas existían en muchas partes del imperio, y las perlas se obtenían de las ricas pesquerías del golfo Pérsico. Sobre la pes­quería de perlas se encuentra un relato en el Rihla de Ibn Battuta:

"La pesquería de perlas está entre Siraf y Al-Bahrayn, en una bahía de aguas quietas que parece un gran río. En los meses de abril y mayo llegan aquí muchas barcas, con pescadores de perlas y mercaderes de Fars, Al-Bahrayn y Al-Qutayf. Cuando el pescador quiere bucear, se cubre el rostro con una careta de concha de gaylam, que es la tortuga, y hace también de esta misma concha unas cosas que parecen pinzas, para apretarse las narices; luego se ata una cuerda en la cintura y se sumerge. Algunos aguantan más que otros bajo el agua; los hay que pueden estar una y dos horas, o aún más. Al llegar el pescador al fondo del mar, encuentra las conchas agarradas a la arena, entre pequeñas piedras, y las arranca con la mano o las separa con un cuchillo, que lleva dispuesto para ello; a continuación, las mete en un morral que tiene colgado al cuello, y cuando le falta la respiración, tira de la cuerda para que el hombre que sujeta el cabo en la superficie lo sienta y lo suba a la barca. Le cogen entonces el morral, abren las conchas y encuentran dentro trozos que, al ponerse en contacto con el aire, se endurecen y convierten en perlas. Las juntan todas, pe quenas y grandes, y el sultán se queda con la quinta parte, mientras los mercaderes que permanecen en las barcas compran el resto. La mayor parte de estos comerciantes son acreedores de los pescadores, de modo que cogen las perlas por el total de la deuda o a cuenta de ella.''
En cuanto a la madera, había un extenso comercio de importación que traía suministros desde la India y más allá, se disponía de cierta cantidad en el este, aunque faltaba en las provincias occidentales.

Un tratado árabe medieval divide la industria y las artes en dos grupos básicos; esto es, aquellos que se ocupan de las necesidades esenciales del hombre, y secundarias o auxiliares. En el rubro de los primeros se encuentran la alimentación, alojamiento y vestimenta. Fue la industria textil de transformación la más desarrollada en el imperio árabe, la más trascendente, desde un punto de vista económico, ya sea por las cantidades invertidas o por la producción y la mano de obra que ocupó. La industria textil tuvo su primer desarrollo durante los omeyas, pero alcanzó su máxima expansión durante el califato abasí. Se produjeron toda clase de géneros, tanto como para abastecer al mercado interno como para la exportación: géneros en piezas, telas, alfombras, tapicerías, almohadas, etcétera. Egipto fue el prin­cipal centro productor de ropas de algodón. Damietta, Tinnis y Alejandría fueron famosas por la calidad de sus productos. La manufactura de seda fue heredada de los imperios bizantinos y sasánida y centrada en las provincias persas de Yuryán y Sistán, y en Siria. Alfombras se hicieron en casi todas partes, destacándose las confeccionadas en Tabaristán y Armenia.

Del gran desarrollo alcanzado por la industria textil dan testimonio, todavía hoy, tantos nombres de tejidos de origen árabe-islámico. Lo mismo podríamos agregar en relación a la zapatería, a la cordo­nería, cuyo nombre deriva de Córdoba, y a la marroquinería de Marruecos. Otras industrias que alcanzaron un gran desarrollo fueron la fabricación de perfumes, tintes y jabones. Además, habría que destacar el acero de Damasco, el desarrollo del arte del cobre, grandes progresos en cristalería y cerámica.
Especial mención hay que hacer a una de las más importantes me­joras y difusiones realizadas por los árabes, como lo fue el invento del papel. Éste se fabricó por primera vez en China, según una tradición, en el año 105 antes de Cristo. En 751 después de Cristo, los árabes obtuvieron una victoria sobre algunos contingentes de una fuerza china, al este de Yaxartes. Entre los prisioneros capturados por los musulmanes había algunos fabricantes de papel chinos, que introdujeron su oficio en el mundo islámico. En el período de Harun Al-Rashid, el papel fue introducido en Irak. La manufactura se limitó en un principio a las provincias orientales, donde primeramente fue introducida, pero el uso del papel se propagó rápidamente a través del mundo islámico, alcanzando a Egipto en el año 800 y a España un siglo más tarde. Desde el siglo X en adelante, hay testimonio de la fabricación de papel en Irak, Siria, Egipto y en la misma Arabia, y pronto hubo fábricas de papel en África del norte y España. Centros conocidos había en Samarcanda, Bagdad, Damasco, Tiberíades, Hama, Trípoli de Siria, El Cairo, Fez de Marruecos y Valencia de Espa­ña. La división política del imperio favoreció la multiplicación de las fábricas. Las consecuencias de la aparición del papel son difíciles de precisar, pero considerables. Mucho más práctico que el papiro granuloso, más económico y más liso que el pergamino, espeso y curvado, el papel tuvo mucha importancia para la evolución de la burocracia del régimen y para la democratización del libro de la cultura urbana. En la historia de la civilización omeya alcanzó un lugar del mismo orden que la imprenta.



La industria fue organizada en parte bajo la dirección estatal, y en parte bajo iniciativa privada. Desde los últimos tiempos omeyas, el gobierno había mantenido talleres y centros de fabricación para la producción de tiraz, material usado para los trajes de gobernantes y para uniformes ceremoniales, concedidos como distintivos honoríficos a altos empleados y jefes del ejército. El sistema de producción usual fue doméstico. Los artesanos estaban limitados a vender sólo a agentes oficiales o a un contratista privado que los financiaba. En algunos casos, los artesanos recibían un salario, y en el siglo IX se cita una tarificación, en Egipto, de medio dirham al día.

Uno de los hechos más destacados del mundo abasí fue, junto con el desarrollo del pensamiento intelectual y de la cultura, la amplitud de las relaciones comerciales y de la vida económica. Es indiscutible que la desaparición del imperio sasánida y el debilitamiento del imperio bizantino habían dado a los omeyas grandes posibilidades comerciales. Los recursos del imperio y también el tránsito comercial vitalmente importante entre Europa y el Lejano Oriente, hicieron posible un extenso desarrollo del comercio, favorecido por la restauración del orden y seguridad internas y de las relaciones más o menos pacífi­cas de los países vecinos logrados por los abasíes, en vez de las incesantes guerras de conquista realizadas por los omeyas.

El comercio del imperio islámico tuvo un gran radio de acción. Desde los puertos del golfo Pérsico de Siraf, Basra y Ubulla y, en menos proporción, desde Adin a los puertos del mar Rojo, mercaderes musulmanes recorrían la India, Ceilán, las Indias Orientales y China, trayendo sedas, especias, sustancias aromáticas, maderas, estaño y otros productos, tanto para consumo interno como para la exportación. Las rutas estaban despejadas, trazadas, los obstáculos salvados, se disponía de una posición clave respecto al gran comercio de la época —el istmo que separa al Mediterráneo del océano índico—. El imperio abasí conoció por ello una gran propiedad económica. Esta expansión estuvo ligada también a la creación de Bagdad, cuya situación favoreció, por una parte, la atracción de mercaderías hacia Irak y llevó consigo el desarrollo de Basra; por otra, el comercio de tránsito, pues Bagdad se convirtió en centro de distribución de mer­cancías hacia el Oriente Medio.

La conquista de Creta en el año 827 y la de Sicilia en el transcurso del siglo IX, aseguraron a los árabes el control de la navegación por el Mediterráneo. Por otra parte, el desarrollo de las ciudades, el enri­quecimiento de los súbditos del imperio, tanto árabes como no árabes, la necesidad de aprovechar las ventajas materiales aportadas por las conquistas, hicieron que se instituyera una "sociedad de consumo", cuyo "lujo oriental" no constituía el signo menos importante; la vida económica y social estaba íntimamente ligada y se asistía a una transformación de la sociedad musulmana, que refleja a la vez el auge literario, filosófico, religioso y el desarrollo científico que repre­senta también la impronta del siglo IX abasí.

Las rutas alternativas a China e India cruzaban por vía terrestre a través del Asia central. Una fuente de la época menciona mercaderías traídas desde China, tales como seda, loza, papel, tinta, monturas, caballos, pavos reales, fieltro, ruibarbo, cinamono, utensilios de oro y plata, monedas de oro, joyas, esclavas, así como ingenieros hidráulicos, agrónomos, marmolistas y eunucos. La misma fuente destaca algunas cosas traídas de la India: "tigres, panteras, elefantes, pieles de pantera, rubíes, madera de sándalo blanca, ébano y nueces de coco". Los manuales de navegación musulmanes han revelado que los navegantes árabes se encontraban como en su casa en las na­ves orientales, donde comerciantes árabes se establecieron en China ya en el siglo VIII.

El extenso intercambio comercial entre el imperio islámico y el Báltico, vía mar Caspio, mar Negro y Rusia, es atestiguado por numerosos hallazgos de monedas a lo largo del curso del Volga y sobre todo revelado por fuentes literarias. En Suecia y el resto de Escandinavia se han encontrado miles de monedas musulmanas con inscripciones que datan desde finales del siglo VII hasta comienzos del XI, período que marca el florecimiento del comercio islámico. De estos países obtuvieron los árabes muchos productos, entre los que se destacan las pieles, los cueros y el ámbar. El geógrafo árabe Mugaddasi da una lista más completa y habla de "martas, pieles de ardilla, armi­ños, pieles de zorro, castores, liebres moteadas y cabras; también ce­ra, flechas, corteza de abedul, gorros de pieles, cola de pescado, dientes de peces, castóreo, ámbar, pieles de caballo preparadas, miel, nueces de avellano, halcones, espadas, armaduras, maderas de arce, esclavos, ganado mayor y menor". Parece poco probable que los propios árabes hayan penetrado hasta Escandinavia, quizás tuvieron contacto con los pueblos septentrionales en Rusia, con los kázaros y los búlgaros del Volga, sirviendo éstos de intermediarios.

También con África sostuvieron los árabes un extenso comercio por tierra, siendo oro y esclavos los principales productos importados. El comercio con Europa occidental fue al principio interrumpido por las conquistas árabes, pero reanudado por los judíos, que servían de lazo entre los dos mundos hostiles. En un paraje frecuente­mente citado, el geógrafo Ibn Jurradadbih habla de mercaderes judíos del sur de Francia: "...quienes hablan árabe, persa, griego, fran­cés, español y eslavo. Viajan de Occidente a Oriente y de Oriente a Occidente por tierra y por mar. De Occidente traen eunucos, escla­vas, niños, brocados, pieles de castor, martas y otras pieles y sables. Embarcan en el país de los francos, en el mar Mediterráneo occidental, y desembarcan en Farama, de donde llevan sus mercancías a lomo de camello a Qulzum, a distancia de veinticinco parasangas. Después navegan sobre el mar Oriental (Rojo), desde Qulzum hasta Al-Jar y Yedda, y progresivamente hacia Sind, India y China. De China traen almizcle, aloe, alcanfor, cinamomo y otros productos, y regresan a Qulzum. Entonces los transportan a Farama y navegan de nuevo ha­cia el mar Occidental. Algunos viajan con sus géneros a Constantinopla y los venden a los griegos, y otros los presentan al rey de los francos y los venden allí. En ocasiones traen sus géneros desde la tierra de los francos, a través del mar Occidental, y los descargan en Antioquía. Entonces viajan, en tres días de marcha por tierra, hasta Al-Yabiya, de donde navegan, descendiendo por el Eufrates, a Bagdad, y después, Tigris abajo, a Ubulla, y de Ubulla a Liman, Sind, India y China..."

El comercio musulmán se vio favorecido, asimismo, por la instauración de un magnífico sistema financiero. Tal sistema resultó suficientemente original como para merecer un estudio particular. El mundo musulmán gozó, además, de una moneda sana, cuyo valor se mantuvo prácticamente estable hasta poco después de las cruzadas, estimado en todos los mercados internacionales y en todo tipo de transacciones; también se crearon diversos procedimientos de pago: letra de cambio, cheque, operaciones bancarias; el préstamo y la hipoteca también fueron practicados, estableciéndose para ellos ciertos compromisos, hiyol. Se asistió, de hecho, al nacimiento y desarrollo de un vasto capitalismo, en cuyas actividades participaron tanto musulmanes como dimmies. En este terreno, los pueblos islámicos estuvieron mucho más avanzados que el Occidente cristiano.

El desarrollo del comercio y de empresas en gran escala dio origen durante el siglo IX a la banca. La economía del imperio islámico había sido primero bimetalista con el dirham persa de plata circulando en las provincias orientales y los denarios de oro bizantinos en los occidentales. Estas emisiones fueron conservadas por el califato, con el peso tipo de 2,97 gramos para el dirham y de 4,25 gramos para el diñar. A pesar de muchos intentos para estabilizar el valor relativo de estas monedas, inevitablemente fluctuaban con los precios de los metales de que estaban hechas, y el sarraf, o cambista de moneda, llegó a ser un elemento esencial en todo mercado musulmán. En el siglo IX se transformó en un banquero en mayor escala, sin duda apoyado por comerciantes acaudalados con dinero para invertir. Se mencionan bancos con una oficina principal en Bagdad y sucursales en las otras ciudades del imperio, y un complicado sistema de cheques, cartas de crédito, etcétera, tan desarrollado, que era posible extender un cheque en Bagdad y cobrarlo en dinero en Marruecos. En Basra, el principal centro del floreciente comercio oriental, cada comerciante tenía su cuenta de banco, y los pagos en los bazares se efectuaban sólo con cheques y nunca con dinero. En el siglo X había bancos del gobierno en la capital, con el título de bancos de asistencia, que adelantaban al gobierno las grandes sumas requeridas para los gastos administrativos, contra una hipoteca sobre tributos no recaudados. Debido al edicto musulmán sobre la usura, la mayoría de los banqueros eran judíos y cristianos.

La próspera vida comercial de la época se reflejó en sus ideas y literatura, donde encontramos al comerciante honrado señalado como un tipo ético ideal. Las tradiciones atribuyeron al profeta afirmaciones como ésta: "En el día del juicio, el mercader musulmán honrado y cabal se clasificará en las filas de los mártires de la fe". "El mercader íntegro se sentará a la sombra del trono de Dios en el día del juicio." Y al califa Umar I se le atribuyen, con menos fundamento, estas palabras: "No hay lugar donde me vería más agradablemente sorprendido por la muerte que en el mercado, comprando y vendiendo para mi familia". El ensayista Yahiz, en un trabajo titula­do En alabanza de ¡os comerciantes y en censura de los empleados observa que la aprobación por Dios del comercio como medio de vida está demostrada por su elección de la comunidad mercantil de Qurays para su profeta. La literatura de la época incluye retratos del comerciante, recto, ideal, y mucho asesoramiento respecto a la inversión de dinero en el comercio, junto con máximas como la de no invertir el capital de uno en cosas cuya demanda sea limitada, tales como joyas, que sólo son requeridas por los opulentos, o libros científi­cos, sólo pedidos por eruditos, que en todo caso son pocos y pobres. Esta máxima particular debe haber procedido de un escritor de experiencia más bien teórica que práctica, ya que la realidad demuestra en general que fueron precisamente los tratantes en géneros de lujo, costosos, tales como joyas y batistas finas, los más adinerados y respetados.

Todos estos movimientos económicos trajeron los correspondientes cambios sociales y una serie de nuevas conexiones entre los componentes étnicos y sociales de la población. La casta árabe guerrera estaba ahora depuesta. Había perdido sus concesiones por el tesoro y sus privilegios. Desde este período, en lo sucesivo, los cronistas árabes sólo hablaban raras veces de las contiendas tribales de los árabes. Esto no significa que hubiesen disminuido en violencia, pues en período tan avanzado como en el siglo XIX se encuentra todavía a los descendientes de Qays y Kalb, en Siria, luchando entre sí. El cambio significaba que la aristocracia tribal árabe había perdido su poder para intervenir e influir en los asuntos públicos, y que sus contiendas y pugnas no tenían ya gran alcance. A partir de este período, los hombres de tribu árabes comenzaron a abandonar las amsar, vol­viéndose algunos al nomadismo, que nunca habían abandonado por completo, y estableciéndose otros en el campo. La población islámica cambió su carácter; desde la ciudad guarnecida por un ejército que ocupaba una provincia conquistada, a un mercado donde los mercaderes y artesanos comenzaron a organizarse en gremios y lonjas para mutua ayuda y defensa.

Pero los árabes no perdieron por completo su supremacía. El gobierno fue al principio predominantemente árabe en sus puestos elevados. La dinastía era todavía árabe y se enorgullecía de su arabismo, y el árabe era el único idioma del gobierno y de la cultura. Se conservó la superioridad teórica de los árabes que condujo al movimiento su'ubiyya en literatura y círculos intelectuales, mejorando las pretensiones de los no árabes a igual posición. Pero un cambio importante se estaba elaborando en el significado de la propia palabra "árabe". Desde entonces en adelante, dejaron de ser los árabes una casta hereditaria hermética, y se transformaron en un pueblo dis­puesto a aceptar como a uno de ellos, por una especie de naturalización, a cualquier musulmán que hablara árabe. La emancipación de los mawali tomó la forma de su plena aceptación como árabes, y has­ta los pretorianos jurasaníes de los califas se arabizaron por completo. El proceso de arabización en las provincias al oeste de Persia fue ayudado por la disposición de los árabes desmovilizados, por el predominio del idioma arábigo en las poblaciones y su propagación al campo circundante. Su desarrollo está atestiguado por la primera revuelta conjunta árabe-copta en Egipto en 831. Eventualmente, hasta los cristianos y judíos de Irak, Siria, Egipto y África del Norte comenzaron a emplear el árabe, y el propio término "árabe" en el uso arábigo llegó a restringirse a los nómadas. En vez de la aristocracia árabe, tenía el imperio una nueva clase gobernante, los ricos y los eruditos, poseyendo los primeros, en muchos casos, enormes fortunas en dinero, y propiedades. Estas fortunas fueron formadas desempeñando tareas gubernamentales, que estaban no solamente bien pagadas, sino que ofrecían oportunidades ilimitadas para ganancias adicionales, mediante el comercio y la ban­ca, mediante especulaciones y por la explotación de la tierra por propiedad de la misma o el arriendo de impuestos. Un ejemplo que se ci­ta en una crónica nos informa cómo una familia de empleados invirtió una fortuna de cuarenta mil dinares, que había heredado: mil se dedicaron para reconstruir la casa derrumbada del cabeza de familia; siete mil, en mobiliario, ropas, esclavas y otras amenidades; dos mil fueron entregados a un comerciante de confianza para comerciar con ellos; diez mil fueron enterrados para imprevistos, y con los restantes veinte mil compró una finca, de cuyas rentas vivía.

Digamos algo respecto a la posición de los dimmies, los súbditos no musulmanes del imperio. El estado legal de que gozaban ha sido muy idealizado por algunos escritores, que han ensalzado la toleran­cia indudable de los gobiernos musulmanes en la concesión de igual­dad completa. Los dimmies eran ciudadanos de segunda clase, que pagaban un tipo más elevado de tributación, sufrían ciertas incapaci­dades sociales, y en algunas raras ocasiones estaban sometidos a franca persecución. Pero, con todo, su posición era infinitamente superior a la de aquellas comunidades ajenas a la iglesia establecida en Europa occidental en el mismo período. Gozaban del libre ejercicio de su religión, derechos de propiedad normales, y eran frecuentemente empleados en el servicio del Estado, a menudo en los puestos más elevados. Eran admitidos en los gremios artesanos, en algunos de los cuales predominaron. Nunca llegaron a padecer martirio o destierro por sus creencias.

La expansión económica atrajo hacia las ciudades toda una masa de población hasta entonces errante o que vivía miserablemente en el campo. En particular, las ciudades de Irak, y en primer lugar Bagdad, llegaron a reunir una plebe que subsistía gracias a las dádivas de los acaudalados; esta afluencia de población resultó por otra parte totalmente desproporcionada en relación con la importancia económica real de la ciudad, lo que generó una serie de conflictos sociales a las urbes del imperio y que a la larga sería un peso excesivo que condujo a continuas revueltas y sublevaciones de este sector de la población y que desestabilizó al imperio, siendo uno de los factores decisivos en la desmembración de éste.-

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LOS CONFLICTOS IDEOLOGICOS Y DESMEMBRACION DEL IMPERIO

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LOS MAMELUCOS Y EL ULTIMO BASTION


Los Mamelucos, Mamluk (castellanizado mameluco) es una palabra árabe que significa «poseído», «gobernado», es decir esclavo de origen no-musulmán. fueron soldados esclavos convertidos al Islam y que constituyeron un sultanato en Egipto y regiones vecinas entre 1250 y 1517. De esta casta surgieron dos dinastías de regentes. Estos ex esclavos de origen no musulmán provenientes del sur de Rusia y el Cáucaso se constituyeron en una milicia (unos doce mil) que fue organizada por el sultán ayubí as-Salih Ayub (g. 1240-1249). De esta casta surgieron dos dinastías de regentes, los Bahríes (1250-1382), formada por turcos y mongoles, y los Buryíes (1382-1517), formada por circasianos (procedentes del Cáucaso). Los nombres Bahrí y Buryí se derivan de los lugares en los cuales habían estado acuarteladas las tropas que se hicieron con el poder.Notablemente experimentados en el arte de la guerra y dotados de un valor extraordinario, estos soldados del Islam frenaron el avance de los mongoles de Hulagú (1217-1265), el destructor de Bagdad en 1258, y de Ghazán (1271-1304), y, a la vez, lograron reconquistar en Siria y Palestina los enclaves cruzados, erradicando definitivamente esa amenaza occidental. Hubo veintisiete sultanes mamelucos denominados bahríes (de bahr, "río", referido al Nilo, pues en su delta combatieron a la séptima cruzada), de origen turco, entre 1250-1382, y veintisiete burÿíes (de burÿ, "torre", ya que originalmente su cuartel estaba coronado por una torre de vigilancia), de origen circasiano o cherkés (procedentes del Cáucaso), entre 1382-1517. Entre los bahríes el más famoso fue el kipchak Baibars. Entre los burÿíes se destacó particularmente el circasiano al-Malik al-Ashraf Saifuddín Barsbai, apodado «la Pantera», gobernante entre 1422 y 1438, que lanzó una expedición contra Chipre en 1425 y que finalizó con la captura del rey isleño Janus, cuyo hijo Juan II (g. 1432-1458) se declaró vasallo del sultán. El advenimiento de la dinastía Bahrí en 1250 inició una línea sucesoria que trajo consigo ganancias territoriales y gran prosperidad a Egipto y Palestina. Después de 1341 el poder del sultán Bahrí gradualmente pasó a los jefes de tropa. Hacia 1382 el primer regente Burÿí pudo ocupar el trono. Su mandato y el de sus sucesores fue problemático debido a revueltas palaciegas, guerras civiles y conquistas extranjeras, culminando con la derrota de la dinastía en 1517 ante Selim I, sultán del Imperio otomano. Egipto entonces se sometió a la autoridad de un representante turco, el pashá, aunque el poder real continuaba estando en manos de los beys mamelucos, gobernadores de distritos o provincias menores. Hacia mediados del siglo XVII los emires mamelucos, o beys, habían restablecido su supremacía. Cuando Bonaparte, al pretender avanzar hacia las posesiones británicas en la India, invadió Egipto, derrotó a los mamelucos en la batalla de las Pirámides el 21 de julio de 1798 (2). Después de que los franceses evacuaran Egipto en 1801, los mamelucos lucharon con los turcos por el poder, aunque fueron diezmados por Muhammad Alí (3) en la masacre de El Cairo en 1811. Los supervivientes huyeron a Nubia y a Zanzíbar. Los mamelucos tuvieron una trascendencia de casi 600 años en la historia del Egipto musulmán (640-1226 de la Hégira). ANTECEDENTES Los Ayubíes fueron la dinastía fundada por Saladino en 1169,la cual gobernó Egipto, Palestina y Siria. Al producirse la séptima cruzada (1248-1254), el pueblo musulmán estaba cansado de los últimos sultanes ayubíes, tanto por su indecisión como por su ineficacia en enfrentar a los invasores europeos.El 5 de junio de 1249 los francos desembarcan y al día siguiente toman Damieta. Luego de avanzar por el delta del Nilo, el poderoso ejército cruzado integrado por doce mil infantes y dos mil quinientos caballeros encabezados por el rey franco Luis IX (1214-1270) (más tarde canonizado) es derrotado en Mansurah (8 de febrero de 1250) y obligado a retroceder y a rendirse en Sharamsah (6 de abril de 1250) ante los poderosos batallones mamelucos. Una nueva era había comenzado.-

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EXPANSION Y CONQUISTA DEL IMPERIO


La rápida expansión y la notable rapidez de la difusión de la religión debe atribuirse al uso de la fuerza militar el que extendió las fronteras del imperio Árabe-Musulmán a su máxima amplitud, enmarcando lo que sería el mundo musulmán clásico, donde se desarrollaría su civilización. Aunque en el transcurso de los siglos venideros el imperio iba a ganar nuevos territorios, ya no volvería a alcanzar jamás dicha superficie.

  1. Conquistas de Arabia,
  2. Conquistas de Siria Palestina, Mesopotamia, Persia y Armenia,
  3. Expansión en el Imperio Bizantino,
  4. Conquistas del Occidente: Egipto y Norte de África,   
  5. Conquistas Europeas: España, Francia, Sicilia e Italia,
  6. Conquistas Orientales en India, Afganistan y el Imperio Chino.

A CONTINUACIÓN ALGUNAS BATALLAS LIBRADAS



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